lunes, 21 de septiembre de 2009

Árboles



Se le nota lo orgulloso que está de sus árboles. Le habrá dicho al fotógrafo: "Sácame con los árboles, pero que se les vea bien altos".
No sé de qué árboles se trate: ¿un par de añosos chopos y en el centro un roble melojo con los estolones recientes después de varias podas? A saber.

domingo, 20 de septiembre de 2009

Dos curas



Los dos fuman cuarterón. Son curas rurales de una pieza. El primero, el de la bien encajada birreta, parece más autorizado que su compañero, que luce cráneo rapado. Con buen estilo, se recoge aquél el manteo como un diestro; lleva, además, en la mano una lectura enrollada, quizá la prensa, ¿la parroquial de la provincia o El Debate? Demasiado liviano para periódico. Admira el empaque de ambos, su serena visión del mundo. Estoy seguro que el de bonete lee a los clásicos latinos con fluidez y sin diccionario. El segundo quizá frecuente más la problemática moral y vital del labriego; de ahí esa expresión socarrona, cachazuda, que lo distingue. Son dos columnas de la civilización hispana en el campo palentino. Esencias de la intrahistoria.
Fecha: circa 1934.

Carro de bueyes



Un sencillo carro de bueyes. El fotógrafo ha hecho subir a su hijo a lo alto del carro para que salga en la foto. El carrero y su mujer flanquean al niño que, divertido, hace gestos venatorios. Dos chicuelos, hijos del matrimonio labriego, se colocan frontales para salir en la fotografía. La señora o señorita de la vara y la niña de pelo claro podrían ser parientes del niño cazador. 

¿Qué lleva el carro? ¿Ramas con fruta, alfalfa? ¿Algún experto se atrevería a identificar la carga?
Fecha: circa 1934.

sábado, 19 de septiembre de 2009

Mozos de Villasila



Una entrada en el blog de Helter me sugiere la idea de ofrecer esta foto: la posibilidad de que exista alguien que conozca a alguno de los comparecientes o a su descendencia en esa panorámica humana de la localidad de Villasila (Valdavia, Palencia) durante cierto momento de la década de los 30, antes de la guerra. 

Como tiene que ser, en el centro posa el cura párroco y pequeñito con su birreta de rigor quien, desde atrás, se ve amparado, imposita manu, quizá por el alcalde, al que parecen secundar un par de fuerzas vivas (¿secretario, médico por su atuendo?). Algunos sostienen varas finas: ¿serán cohetes de las fiestas? Una lo sugiere. 

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Baile en la era


Veo fotos antiguas en varios blogs compañeros y me acuerdo de mi vieja colección familiar de negativos. Son negativos de formato grande: hace años mandé revelar algunos. Unos pocos; no era barato, y bastantes estaban muy deteriorados por el tiempo, y eso que su último dueño los había protegido cuidadosamente dedicando a cada uno su pequeño sobrecito azul con alguna leyenda identificativa (más de una para mí ya críptica). El otro día descubrí (¡Harry, tú lo habrías hecho mucho mejor; yo soy un manazas con esto del Photoshop!) que colocando los negativos en el escáner y, con algún retoque - el truco a veces funcionaba y otras ni para atrás-, se podían medio «revelar» gracias a la función de invertido del programa y recuperar un remedo de la desvaída imagen.
Os pongo una que por lo genérica podría servir casi para cualquier lugar de al menos, si no España, sí Castilla, y en este caso concreto la Valdavia palentina de antes de la guerra. Sí, porque poco más podría atreverme a precisar: son campesinos bailando en la era -la indicación del sobre azul que contenía el negativo rezaba «Baile en la era»- pero ¿de qué pueblo? ¿Villasila, Villaeles o Vega de doña Olimpa? Vega de doña Olimpa...¿Quién sería doña Olimpa? Seguro que hay alguien que lo sabe. La fecha puede ser circa 1934, año más, año menos. La pequeña fuente dorada que dio nombre al caserío (me hizo gracia encontrarla en los Orígenes del Español de Pidal como ejemplo de evolución fonética) ahora forma parte de una explotación en régimen cooperativo.
¿Por qué bailaban en la era? ¿El pueblo carecía de plaza para hacerlo allí? ¿Era un baile semiclandestino o sencillamente el de un grupo particular de labriegos vinculado laboralmente y de ahí que no se celebrara como verbena en la plaza del pueblo? De tanto ver la foto casi me la sé y ahora no la tengo delante pero la veo. Me llamaron la atención las piernas de las mujeres. Una de ellas o no lleva medias o son transparentes (difícil en la época y en aquel medio), las otras llevan medias negras o blancas. Las boinas negras caladas de aquellos dos vestidos con traje de negra pana y camisa blanca; en cambio, éste de la derecha lleva visera y traje claros y zapatos blancos ¿y en la era? Será quizá un capataz o alguien de clase alta. Dos en el centro parecen empujarse con sus parejas respectivas, quizá bromean. Pero en general se baila en serio, todos están reconcentrados en la labor. ¿Otro mundo?

(Siento la mala calidad del «revelado». Seguro que se podría mejorar).

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Militancia


«Hay que definirse», se decía mucho en los años anteriores a la guerra civil.
Suele  suceder que aquel al que en esos momentos amigablemente se zarandea para que acepte la verdad quizá comparta las mismas posiciones esenciales de quien, con su discurso, le pide aquiescencia moral e intelectual, e incluso participaría de esa su misma indignación ante los hechos en cuestión (cuando los hechos, pongamos por caso el terrorismo o cualquier otro atentado contra la libertad, son motivo de básica repulsa humana), pero también es posible que no comulgue con la lectura completa, con el diagnóstico, o con toda la medicina subsiguiente, y por ello, y a la vez, tampoco considera que deba rebotar automáticamente en compulsiva respuesta aquiescente a la posición perentoria del «si no no estás conmigo estás contra mí». Bien, pues ése al que no le apetece responder al empujón exigente, que tan sólo pretende mantener una mínima independencia personal, (naturalmente atiborrada de errores y de «idiotez» útil al enemigo, pero, bueno, que es la suya), ése mismo es de suponer que detestará cualquiera de los variados modos de agarrar por la solapa con los que se acostumbra por aquí a solicitar aquiescencia, o participación, o afiliación al bando de los buenos. Se le suele pedir no sólo que denuncie el mal sino que colabore en la campaña del inquisidor cargado de razón, y que lo haga en sus términos, sin salirse un milímetro de la raya, y con el natural corolario de que, si fuera necesario, y suele serlo, se autocritique «sinceramente», renuncie a cuanto, para su desgracia y extravío, haya venido insensatamente a dar en ser, a fin de que pueda -más vale tarde que nunca- alcanzar la deseable condición de «recién nacido a la verdad»... 
En fin, suele pasar que quien no recibe con su sí el paquete íntegro, el que no responde con el «amén», resulta que ya está comprendiendo el mal, que lo está aceptando, lo está perdonando y, en consecuencia, es su abyecto «cómplice».

martes, 8 de septiembre de 2009

Árabes

¿Quién será el responsable de que yo salga a la calle, esta tarde, acelerado y procurando soslayar los controles habituales, a comprarme una gramática árabe de tamaño regular, tirando a voluminosa y que no estaba mal de precio...? Al final pues no ha sido así, tal y como me digo a mí mismo con el aliento entrecortado por el sprint de 10 minutos de aquí al centro y del centro aquí; y no ha sido así gracias a la desidia habitual en algunos comerciantes (con crisis o sin ella). Ya estuve el otro día, y puse cara de poco interés al preguntar (es lo preceptivo) y, quizá por eso, la encargada se lo debió tomar en plan literal, y me habló, desganada también ella y por contagio, de que tenía que buscar en un almacén lejano («está en un pueblo», «pásese mañana», etc.). Me paso esta tarde y no «lo había encontrado», no estaba donde debía, etc.  
No sé por qué me pasan estas cosas. O sí sé. Aunque también se me ocurren un par de circunstancias colaterales a la afición desmedida por la gramáticas y las lenguas imposibles. En este caso quizá fuera la lectura de un bonito artículo en el que se aludía a los lectores «románticos» de Los Siete Pilares de la Sabiduría del coronel T.E. Lawrence, insensatos admiradores de tipos árabes del estilo de los tan diestramente retratados en ese «inmortal reportaje». Bien. Sí. Es posible que fuera el disparadero remoto de la ocasión concreta. En el caso de los Pilares no sólo recuerdo haber leído con mucho gusto (pese a las abundantes erratas) el libro de Júcar en la estupenda versión de Alberto Cardín, sino que algo tuve que ver con la publicación de una introducción (que se debió perder y no llegó al libro o al menos no en esa edición de 1989) y de algunos capítulos como adelanto del mismo.
Quizá también haya creado «ambiente» la lectura, desde julio pasado, de la Muqadimma (o Introducción a la historia universal) de Ibn Jaldún. Otra delicia. ¿Qué sería eso de la «assabiyyah» (عصبيّﺔ), me repetía mientras leía los perspicaces análisis del nomadismo árabe primitivo (o simplemente «ruralismo» como quiere el traductor francés)? Ser de «pueblo», ser «nómada», hombre del desierto, tiene virtudes de las que carece la «civilización», pero no es exactamente lo de Horacio o Fray Luis, es, más bien, otra cosa: es el propio desierto y la vida del desierto lo preferible. Un árabe cultísimo de familia sevillana de Carmona, aunque nacido en Túnez en 1332, escribe entre 1375-80 en la fortaleza beréber de Ibn Salama las 1200 páginas de la Muqadimma y funda con ello una nueva ciencia de la cultura, una «física social» (Carlos Moya) o una sociología de las costumbres, una mirada a la sociedad y a la historia que cuesta creer que fuera escrita a finales del siglo XIV. Ibn Jaldún prefiere la vida nómada porque no está sujeta a la decadencia segura de la vida de lujo y «progreso» de las ciudades. El hombre civilizado carece de «assabiyyah», de solidaridad, de sentido de grupo, del sentimiento «familiar» de pertenencia...

Mejor que explicárselo, lean el libro (y en especial esos sabrosos capítulos sobre el nomadismo, la civilización, la «educación» y la «assabiyyah» en I, ii, 6-11 y siguientes).

Por ejemplo:

«Que trata de que los miembros de un grupo con fuerte cohesión poseen 'casa' y nobleza reales y con viejo arraigo, mientras que otros poseen estas cosas de manera ficticia y aparente.

Esto es así porque la nobleza y el prestigio se adquieren sólo con las cualidades. Poseer una 'casa' quiere decir que entre sus antepasados hubo hombres conocidos por su nobleza, y esto supone un timbre de gloria que se transmite a él por ser su descendiente y estar relacionado con ellos; y en los espíritus de las gentes de su tribu se mantiene grabado el prestigio y la nobleza que sus antepasados adquirieron por sus cualidades. Las gentes, en lo que atañe a su origen y a su descendencia, son como los veneros, tal como dijo el Profeta -Dios lo bendiga y salve-: «Las gentes son veneros: los mejores antes del Islam son los mejores en el Islam, si entienden». Y la esencia del prestigio siempre está radicada en los antepasados.
Ya hemos explicado que el fruto y la ventaja de pertenecer a una noble estirpe es la fuerte cohesión en el afecto y en la ayuda mutua. En la medida en que esa cohesión es capaz de infundir respeto, y su origen es noble y sin mancha, la ventaja de tener una estirpe es más evidente y más intensa, y lo será tanto más cuanto mayor sea el número de antepasados nobles. El prestigio y la nobleza son dos elementos fundamentales en las personas que forman un grupo fuertemente cohesionado, porque su existencia era consecuencia natural de su pertenencia a su estirpe. Las diferencias entre las 'casas' en lo referente a nobleza se corresponden con las diferencias de cohesión, porque ése es su sentido profundo.
Los que viven individualmente en las poblaciones no pueden tener una 'casa' más que en sentido figurado, y si dicen poseerla es para lucirse con tal pretensión. Cuando se analiza el prestigio de las gentes de las ciudades se encuentra que consiste en que el hombre al que se tiene por antepasado suyo se distinguió por hacer el bien y por formar parte de los buenos manteniendo un comportamiento íntegro tanto como le fue posible. Pero esto es diferente del sentido profundo del espíritu tribal, que es el fruto de la estirpe y del número de antepasados. Y aunque se usen los términos de prestigio y de 'casa', se hace en sentido figurado, por la relación que también en este caso existe con el número de antepasados que de manera continuada han mantenido una actitud constante en el bien y en sus sendas. Pero esto no es verdaderamente prestigio en sentido propio, y aunque está bien establecido en el uso lingüístico que su empleo es correcto en ambos casos, se puede mantener que uno de estos usos resulta preferible.
La 'casa' posee una original nobleza debido a la cohesión del grupo y a las cualidades de sus miembros. Pero luego se ven privados de ella cuando esa cohesión desaparece como consecuencia de la vida sedentaria, como hemos dicho anteriormente, y se mezclan con la masa de la población. En sus espíritus queda entonces un sentimiento de nostalgia que los lleva a seguir considerándose miembros de las más nobles 'casas' y a mantener la unión, pero ya no hay tal cosa, porque el espíritu de clan ha desaparecido totalmente. Muchas gentes de la ciudad, cuyos orígenes provienen de 'casas' árabes y no árabes, mantienen esa nostalgia; y los que en mayor número conservan arraigada esa nostalgia de su pasado son los judíos. Realmente ellos poseyeron una de las más nobles 'casas' del mundo. En primer lugar, por su origen, ya que entre sus antepasados se cuenta un gran número de profetas y enviados, desde Abraham -sobre él la paz- hasta Moisés, fundador de su religión y de su ley; y en segundo, por la fuerte cohesión y lo que, debido a ella, Dios les otorgó prometiéndoles el dominio.
Pero luego los desposeyó de todo aquello y los castigó con la humillación y la miseria, y los condenó a vivir como exiliados en la Tierra, y los marcó con la esclavitud durante miles de años por su incredulidad.»


Ibn Jaldún, Introducción a la historia universal (al-Muqqaddima), Ed. y trad. de Francisco Ruiz Girela, Almuzara, Córdoba, 2008, págs. 228-229.

Cambio Radical


Harry Sonfór, el mantenedor infatigable de uno de los pocos lugares realmente mágicos de la red, nos anuncia su 45727º
no cumpleaños.

¡Felicidades, Harry!

¡Sigue así!