lunes, 16 de abril de 2007

Confluencias: Robert Creeley (1926-2005)

Me llega el libro esta mañana (y lo hojeo de la misma manera casual que el tomo de Jiménez de mi entrada anterior) y resulta que me encuentro con este poema que apresurada y torpemente os traduzco:


Para J.D.

Ver es creer--
A veces hay cosas
que cambian cuanto
sabíamos.

Esas veces, lugares,
viejas, reiteradas
ropas, manos --herramientas,
casi andantes.

Tu corazón como un mundo de grande ...
donde crecen árboles,
una puerta
esperaba.

De Memory Gardens, [1986] en Robert Creeley, The Collected poems of R.C., 1975-2005, University of California Press, Berkeley, 2006, p. 248. (1)

Se puede leer una entrevista a Creeley en español aquí.
(Las iniciales de la dedicatoria también me sirven, al menos para empezar...) (2)
__________________________________
(1)

For J.D.

Seeing is beleiving--
times such things
alter all one
had known.

These times, places,
old, echoing
clothes, hands --tools,
almost walking.

Your heart as big as all outdoors...
where tree grows,
gate was
waiting.

(2) Refiero al lector que pretenda inquirir el sentido del término "confluencias" al magnífico texto de Pedro Santana recién leído este mediodía en su blog:

Sólo veo lo que creo
Así que lo que vemos es siempre un complejo de percepciones más simples y previamente catalogadas. Los primitivos del catálogo: no hay que por qué insistir en su búsqueda. Comenzamos siempre con el catálogo algo poblado. Pudiéramos sospechar que es éste un argumento que apoyaría a la metempsicosis: el alma dormida comienza a despertarse en un nuevo envoltorio mortal víctima de una amnesia casi perfecta, pero no del todo. Lo que no ayudaría a ninguna vía o camino de perfección, todo sea dicho.
Pero decía que sólo vemos lo que ya tenemos visto y las combinaciones de esto último. Ahora, sabemos -como nos advirtieron Coleridge, Poe y otros mistificateguis- que hay combinaciones previsibles y regulares y que lo novedoso está en la combinatoria en otra clave, una que no atiende a las reglas anteriores y que deshace las piezas para que éstas se reúnan de modo posiblemente asombroso.
De dónde procedan tales novedades es algo a lo que vamos a dar respuesta: Si es el mundo o si es el sujeto, uno acaba siendo el otro y los dos uno y el mismo, lo que no es de desear. Así que hemos de concluir que las cosas se ignoran unas a otras en gran medida, tal como nosotros, en nuestra humana limitación, las desconocemos. Que lo nuevo no es más que el síntoma de que hay muchas cosas y no sólo una.
(Todo esto venía a cuento de la ecolalia titular, a cuyas virtudes conversamente engañosas no renunciamos.)
(posted by Pedro Santana at 7:29 PM.)

Visítenlo en:

http://www.maedchenzeit.blogspot.com/

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