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jueves, 9 de julio de 2009

Rumbos


«Como puede conocer a la clara el que discurriere por sus señales». El doctor Andrés Laguna citado por don Pío Font Quer.

Es posible que nos consolemos pensando que al perder el rumbo se abren nuevas sendas, posibilidades imprevistas («no hay mal que por bien no venga») y que, entre otras, puede que también se abra la acreditada (y ¿asimismo venturosa?) senda oculta y para el común ignota; incluso, redondeando la cuenta, buscaremos apoyo en cualquier excusa peregrina: hasta, si se tercia, en la conciencia propia de la ignorancia, de la incertidumbre natural («no vas a saberlo todo: ya habrá otros también que controlen los hilos del tablado», etc.). Contamos, además, con que el Príncipe del Azar, nuestro Ángel de la Guarda, ese que eternamente vela el rastro de nuestras huellas, se adelante precavido a peligros y asechanzas (azar providente), y nos brinde ya dispuesto un acceso especialmente dedicado y personal, por el que guiados alcanzaremos a disfrutar la fortuna merecida:

—«Hala, que se te hace tarde y ya vamos a cerrar y te quedarás en la estacada, como en el cuento famoso...» —dirá una voz misteriosa y perentoria.

Así que, obediente al dedo señalador e imperativo, te meterás por la puerta indicada (que, para evitar confusión irá marcada con una X) y precisamente entonces, cuando más confiado te introduzcas por el pasadizo, será ése el instante en que te deslumbren los fulgores del error: tanta será su evidencia. Habrás caído en la trampa y ya no habrá manera de salir.
«Lo mejor, quizá, hubiera sido no haber movido un dedo», se te ocurrirá pensar por efecto de rebote de uno de esos redundantes reflejos que, si nunca sirven tampoco para mucho, cumplen su habitual papel justificador como un relleno supletorio del apropiado hueco o de otro cualesquiera espacio vacío normativo.
Y otra vez tendrás que volver a empezar la faena interminable: chasquearás los dedos vagamente hacia allí, allí a lo lejos donde tú calculas que preside la autoridad y solicitarás para tu ruta un nuevo rumbo, alguna otra dirección (a ver si es que ahora, a ver si esta vez ya va de veras y éste, por fin, es el verdadero, el auténtico derrotero, ese nuevo rumbo que...), etcétera.
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Puede leerse esta entrada como una variante retórica de esta otra anterior.