Nuevo amanecer
el cielo dejó caer
su blancura invisible
vimos salir de
la nada
vacías las azules
estrellas
nuestro verano
por tierra
como la última noche otra
vez
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Again dawn
the sky dropped
its invisible whiteness
we saw pass out
nowhere
empty the blue
stars
our summer
on the ground
like last night another
time
in fragments
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Lo tomo de aquí.
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No sé si lo entiendo ni medianamente bien, pero, por un momento, de quien más pronto me acuerdo es... ¿de quién te crees?, sí, del menos pensado, de JRJ que arranca de una parecida manera, salvadas las distancias, su Segunda Antología Poética en 1923. Las azules estrellas de Eigner, las verdes de Juan Ramón, ¿o no?:
ALBA
Se paraba
la rueda
de la noche....
Vagos ángeles malvas
apagaban las verdes estrellas.
Una cinta tranquila
de suaves violetas
abrazaba amorosa
a la pálida tierra. (....)
Juan Ramón Jiménez, Segunda Antología Poética [1923], Espasa Calpe, Universal, Madrid, 1949, p. 11.
(Escribo esto hace tiempo; no sabía que la nota andaba por ahí tirada. Ahora quizá sé algo más de Eigner: la reciente edición de sus Collected Poems en cuatro volúmenes editados por la Universidad de Stanford, su enfermedad, etc.)
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Vagos ángeles malvas.
«Blancura invisible» en vez de «vagos ángeles malvas». Claro. Es la diferencia fundamental. La semejanza quizá derive de que ambos poetas evocan el mismo género, el alba, y su tradición. Eigner no tiene tan cerca la mitología cristiana...ni ese color. El colorismo de JRJ. Hasta el exceso, ¿verdad? ¿Será exacto? (ser exacto también con lo subjetivo, recomendaba el maestro). No lo sé. Ese color lo que es un poco es «cursi». Ya se lo debió decir en persona su amigo Gómez de la Serna: -Juan Ramón, eres magníficamente cursi, y escribió un interesante ensayo sobre el particular. Cuando he pensado en el color -por asociación USA y quizá inconsciente deseo de equilibrio- no he podido evitar acordarme de esas tartas que a veces se dejan ver en las fiestas americanas de las películas o reportajes: tienen una supongo que deliciosa costra malva, indefectiblemente todas ellas; sin la costra de ese color no la sacan a la mesa. Aquí son ángeles. «Ay, Señor».
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Cariñosas las observaciones