miércoles, 29 de abril de 2009

Globos del azar

Contemplo en el blog de Ferrer Lerín un bodegón holandés que identifico de inmediato, pero a la vez noto que no es el bodegón que yo conocía. ¿Por qué?

Las cosas no están en su sitio. Aparece, sí, el "vaso globular". Permitid que lo llame así: en mi memoria lo globular de ese vaso de agua lleno hasta la mitad coincidía con un globo casi perfecto de agua y el puercoespín de cristales de la base destacaba sus púas haciendo casi imposible su manejo convencional. Recordaba el cucurucho de las especias o de la sal...pero todo era de otra manera.
Busco por la red y me encuentro una serie nutrida de variantes o copias o versiones del bodegón bendito... Aparece uno que casi es el que yo tuve delante. Y no lo puedo remediar y, aprovechando un rato libre entre clases, pongo una nota de comentario que me temo haya sido sentida como perfectamente extemporánea. Ay.

Porque la cosa no acaba ahí. Un "anónimo a" y el titular del blog derivaban una charla de sugerencias hacia las enciclopedias y resulta que, de entre ellas, surge reluciente la Sopena: más de un amigo de este añalejo ya lo habrá identificado como uno de los fetiches del indolente. ¿Qué más se puede pedir?

¿Quién o qué gobierna estas conjunciones? Las sobremesas sorianas de media década de los 80 estuvieron presididas por el "vaso globular", el cucurucho, las nueces, el limón reseco y su piel desgajada y retorcida.

Y, a pesar de todo, habrá quien opine que las imágenes no son otra cosa que meras abstracciones... E incluso que precisamente por eso, porque lo son, pasen estas cosas.
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Esto se acerca bastante a lo que recuerdo: el vaso en el centro, una especie de copa polilobulada, la llave que cuelga...Pero sobra ese vaso de oro...

viernes, 17 de abril de 2009

Masas

Leo en Canetti la vívida descripción de la masa vengadora en la jornada del incendio del Palacio de Justicia de Viena el 15 de julio de 1927 tras la liberación judicial de los asesinos de unos sindicalistas. La identificación con la masa. La imagen inolvidable del ciudadano con los brazos alzados y gritando "¡Se queman las actas!". La descripción de la represión policial (90 muertos) contestada por una multitud enardecida que incendia el Palacio de Justicia. La electricidad en el aire que le arrastra. Canetti destaca esta jornada como fuente de una inquietud personal e insoslayable que le duró años y le llevaría a investigar los fenómenos de masa y escribir tiempo después el ensayo Masa y Poder.
La lectura, por otra parte, de la reciente versión española de Blasting and Bombardiering (1937), el libro de memorias de la Primera Guerra Europea de Wyndham Lewis, impulsor con Pound del Vorticismo, pintor, novelista, teórico y analista social, cuando describe las jornadas de julio de 1914 en Londres: el entusiasmo patriótico y pro-belicista de la multitud y su descripción irónica, satírica, en lo que denomina un "experimento con la masa". Qué contraste de actitudes.
La vienesa masa vengadora frente a la británica masa entusiasta. La actitud absolutamente contrapuesta de ambos autores. La identificación de Canetti y el rechazo de Lewis.
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Lewis:
"UN EXPERIMENTO CON UNA MASA

¿En qué consistiría el experimento? Bien, no solo se mezclaría con la masa, sino que se entrenaría para comportarse como ella; así podría hacer que los sentimientos de la multitud penetrasen en él del modo más adecuado. Hasta cierto punto, podría guardarlo todo ahí. Luego, de cuando en cuando, se precipitaría a salir. En ese estado de aislamiento, se examinaría a sí mismo del modo en que lo hacen las masas.

Ni qué decir tiene que este experimento requeriría de una enorme flexibilidad. Salió de la masa para volver a introducirse en ella. Se hundió en la masa como un buzo. Aseguró su cuerpo lo mejor que pudo, se encorvó y fijó su mirada en lo que tenía frente a él. Pronto se convirtió en un médium en trance, o en algo muy similar.(...)
De repente experimentó lo que a su modo de ver era un claro y auténtico shock. ¡Solo podía proceder de la masa! Resultaba evidente que había logrado introducirse en la mente colectiva: ¡en la mismísima actividad cerebral de esta medusa! ¡De ahí la picadura! Acababa de recibir su primera sensación auténticamente novedosa. ¿Qué era exactamente... cómo podría definirlo? Bien, parecía como si fuera un hombre casado.
Era innegable que percibía, de forma extremadamente inesperada, ese sentimiento de estar casado. Nunca antes lo había sentido (por tanto supo que debía ser un sentimiento genuino). Se salió de la masa de inmediato. (...)
Se decepcionó. Volvió a la Masa. Durante algún tiempo siguió caminando, de la manera más mecánica posible. Llegó a Charing Cross, luego hasta el final del Strand. Trafalgar Square era como un vasto lago humano. Se adelantó hasta la columna de Nelson. Si la escalaba, por encima del pedestal, podría obtener un valioso apunte. Voces afónicas murmuraban a su alrededor. Sintió la presión de los fantasmas visibles a los que estaba invitando a inscribir sus ideas en la tabula rasa que les ofrecía.
Los mensajes seguían siendo extremadamente confusos. Se dio cuenta de que incluso había perdido el control. Se sentía cada vez más solo. Luego libre... soltero; por tanto divorciado. (...)
La Masa inglesa es un dragón estúpido. ¡No se debería permitir que fuera por ahí sola! He estado dentro durante varias horas seguidas y no he percibido sensación alguna que valiese algo. Como Masa, es un desastre.

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Wyndham Lewis, "Las masas de la guerra, 1914", en Estallidos y Bombardeos, trad. Yolanda Morató, introd. Juan Bonilla, Impedimenta, Madrid, 2008. págs. 141-144. La versión es bastante deficiente en ocasiones; conviene contrastar con el original: Wyndham Lewis, Blasting and Bombardiering. An Autobiograpy (1914-1926), John Calder, Londres, 1967, pp. 81-83.

Como curiosidad bibliográfica y ya algo vieja llamada de atención en un patio recogido, véase "Wyndham Lewis, Reventador y bombardero (1937)" Selección, traducción y notas de Javier de la Iglesia, Calle Mayor, número seis, Logroño, 1987, págs. 33-54 [traduce la introducción y los capítulos sobre "Marinetti", "La Guerra y Mr. Ford", "Hulme, el del Pecado Original", "Matan al Mesías Salvaje", "Primer encuentro con Ezra Pound", "Eliot en el Triángulo", "Hacia una Sociedad sin Arte" y citas significativas de Hitler, 1931, The Wild Body(Inferior Religions), The art of Being Ruled, Time and Western Man, y añade referencias de Pound, Eliot, y otros autores más una presentación]. La reciente versión de Blasting en Impendimenta, añadida a la, ésa sí, estupenda de Miguel Temprano García, Dobles Fondos en Alfaguara, Madrid, 2004 (la novela española de Lewis Revenge por Love (1937) de la que se recupera el título originario, False Bottoms) ha propiciado la sensación del "genio recién descubierto" por aquí en las notas críticas y en internet. En fin. 



Canetti:


A los pocos meses de instalarme en mi nueva habitación ocurrió algo que dejaría huellas muy profundas en mi vida ulterior. Fue uno de aquellos acontecimientos públicos, no demasiado frecuentes, que conmueven tanto a una ciudad que después deja de ser la misma.
La mañana del 15 de julio de 1927 no estaba yo, como de costumbre, en el Instituto de Química de la Wáhringerstrasse, sino que me quedé en casa. En el café de Ober-St. Veit leí el diario de la mañana. Aún recuerdo la indignación que me embargó al coger el Reichspost y descubrir un titular gigantesco que decía: Una sentencia justa. En Burgenland había habido tiroteos de resultas de los cuales murieron varios obreros. El tribunal había absuelto a los asesinos, y ese veredicto era calificado de "sentencia justa", pero qué digo calificado: ¡pregonado! Este escarnio a cualquier sentimiento de justicia, más aún que el veredicto mismo, fue lo que provocó una irritación terrible en la dase obrera vienesa. Desde todos los barrios de Viena, los obreros se dirigieron en filas cerradas al Palacio de justicia, cuyo simple nombre personificaba para ellos la injusticia. Hasta qué punto fue una reacción totalmente espontánea pude comprobarlo yo también en mi persona. Bajé a toda velocidad al centro en mi bicicleta y me uní a una de esas filas.
La clase obrera, en general bien disciplinada, confiaba en sus líderes socialdemócratas y estaba contenta de que el Ayuntamiento de Viena fuese ejemplarmente administrado por ellos; pero aquel día actuó sin esos líderes. Cuando los obreros prendieron fuego al Palacio de justicia, el alcalde Seitz, con el brazo derecho en alto, les salió al encuentro en un coche de bomberos. Su gesto no surtió ningún efecto: el Palacio de justicia ardió. Pero la policía recibió orden de disparar y hubo noventa muertos.
Han transcurrido cincuenta y tres años y aún siento en mis huesos la emoción de aquel día. Es lo más próximo a una revolución que he vivido jamás en carne propia. Ya entonces supe perfectamente que no necesitaría leer una palabra más sobre el asalto a la Bastilla. Me convertí en parte integrante de la masa, diluyéndome completamente en ella sin oponer la menor resistencia a cuanto emprendía. Me asombra comprobar que, pese a mi estado de ánimo, fuese capaz de registrar todas las escenas concretas que, en forma aislada, fueron desfilando ante mis ojos. Quisiera mencionar aquí una de ellas.
En una calle lateral, no lejos del Palacio de justicia en llamas, aunque sí un tanto apartada, había un hombre que, distanciándose muy claramente de la masa y con los brazos en alto, palmoteaba desesperado sobre su cabeza, sin dejar de gritar en tono lastimero: -i Las actas se queman! ¡Todas las actas! --. Por suerte no son hombres! -le dije, pero mis palabras no le interesaron: sólo tenía esas actas en mente. Pensé que tal vez tuviera algo que ver con ellas, que acaso trabajase en el Archivo. Su aspecto era inconsolable y, pese a la situación, lo encontré divertido. Pero al mismo tiempo me enfadé.
-¡Han matado gente a tiros! -le grité furioso- ¡y usted piensa en las actas!
Él me miró como a un ser inexistente y repitió en voz lastimera:
-i Las actas se queman! ¡Todas las actas!
(...)Es posible que la sustancia del 15 de julio se haya integrado plenamente en Masa y poder. En ese caso, una remisión a la experiencia original, a los elementos concretos de aquel día, sea cual fuera su grado de precisión sería algo imposible.
El trayecto en bicicleta hasta el centro de la ciudad fue largo. No puedo recordar qué camino seguí. Ignoro dónde encontré a los primeros grupos. No me veo muy bien a mí mismo aquel día, pero aún siento la emoción, la carrera desenfrenada salvando obstáculos, la fluidez del movimiento. Al comienzo todo estuvo dominado por la palabra "fuego", después, por el fuego mismo.
Un zumbido en la cabeza. Quizá por casualidad no me tocó presenciar ningún ataque contra la policía misma. Pero sí pude ver que disparaban sobre la multitud y que la gente caía. Los disparos parecían latigazos. El gentío echaba a correr por las calles laterales para reaparecer en el acto y formar nuevas masas. Vi muertos en el suelo y gente que caía, aunque no muy cerca de mí. Esos muertos me inspiraban un miedo terrible. Me acercaba a ellos, pero los evitaba en cuanto los tenía al lado. En medio de mi emoción creía verlos crecer. Hasta la llegada del Schutzbund -el servicio de orden de la izquierda-, que los recogió del suelo, solía quedar un espacio vacío en torno a ellos, como si se esperaran nuevos disparos justamente en esos sitios.
(...)
Esto era quizás lo más siniestro: ver y oír gente que apartaba a otros con gesto enérgico y de pronto desaparecía de la superficie. Todo el mundo cedía y por todas partes se abrían agujeros invisibles. Pero la cohesión del conjunto no se resquebrajaba; aunque uno se viera de improviso solo en algún sitio, sentía que algo lo impelía y arrastraba, y eso porque en el aire se oía una especie de ritmo, algo así como una música maligna. Podemos denominarla música, pues uno se sentía transportado por ella. No tenía la impresión de correr con mis propias piernas. Era como dejarse llevar por un viento sonoro. Delante de mí avanzaba una cabeza roja que se alzaba y se hundía alternativamente en diversos sitios, como si nadara en medio de un oleaje: yo la buscaba con la mirada como si tuviera que seguir sus directivas, creía que era una cabellera rojiza, pero luego distinguí un pañuelo rojo y dejé de buscarla.
No encontré ni reconocí a nadie; cuando interpelaba a alguien, siempre era un desconocido. Pero fueron pocos. Escuchaba mucho, siempre había algo que oír en el aire; los ruidos más estridentes eran los gritos de odio que se alzaban cuando la policía disparaba contra la multitud y abatía gente. Aquellos gritos eran implacables, sobre todo los de las mujeres, que se distinguían claramente del resto. Tuve la impresión de que las salvas eran provocadas por esos gritos. Pero advertí también que no era cierto, pues las salvas continuaban aunque nadie gritara. Los disparos se escuchaban por todas partes, incluso a gran distancia, como latigazos recurrentes.
Perseverancia de la masa que, no bien se disipaba, resurgía otra vez desde las callejuelas laterales, en un instante. El fuego no daba tregua a la gente: el Palacio de justicia ardió por espacio de varias horas que fueron a su vez las de máxima intensidad emotiva. Era un día muy caluroso, y el cielo se veía rojo hasta el horizonte aun allí donde ya no se divisaba fuego: Olía a papel quemado, de miles y miles de expedientes.
(...)Yo mismo no vi prender fuego al Palacio de justicia, pero un cambio en el tono de voz de la masa me lo comunicó antes de que divisara las llamas. La gente se gritaba lo que había ocurrido, al principio no les entendía: el tono era festivo, no estridente ni ávido, un tono de liberación.
El fuego era el elemento unificador. Uno lo sentía, su presencia era avasalladora, y aunque no llegara a verlo, lo tenía en mente: su fuerza de atracción y la de la masa eran una y la misma cosa. Las salvas de la policía provocaban gritos de odio, y éstos, a su vez, nuevas salvas, pero dondequiera que uno se cobijase, aparentemente, de las salvas, la estrecha cohesión con los demás, secreta o evidente según el lugar, mantenía su vigencia y uno era atraído nuevamente hacia la zona dominada por el fuego, dando rodeos, claro está, ya que en definitiva no había otra posibilidad.
Aquella jornada, que transcurrió bajo el signo de un sentimiento unitario -una ola única y monstruosa que se abatió sobre la ciudad, anegándola: cuando bajó la marea, parecía increíble que la ciudad aún siguiera en pie-, aquella jornada estuvo compuesta de un sinnúmero de detalles que se grabaron en mi memoria: ninguno se me escapó, todos han permanecido allí, claramente evocables y reconocibles, aunque cada uno estuviese integrado en esa ola gigantesca fuera de la cual todo parecería hueco y absurdo. Lo que habría que entender es la ola, no esos detalles; yo lo intenté varias veces aquel año y lo he seguido intentando posteriormente, sin conseguirlo nunca. Y no hubiera podido, pues nada es más enigmático e incomprensible que la masa. De haberla comprendido totalmente, no habría empleado más de treinta años en descifrarla, presentarla y reconstruir sus mecanismos con el máximo de exactitud posible, al igual que otros fenómenos humanos.

Elías Canetti, La antorcha al oído, Trad. Juan J. del Solar, Muchnik Editores, Barcelona, 1982, págs. 244-251. Es curioso que en los Apuntes, Galaxia Guternberg-Círculo de Lectores, Barcelona, 2006, pág. 263, se atribuya el origen del impulso de la investigación de Masa y Poder a la manifestación tras el asesinato de Rathenau en Berlin ("su verdadero germen era todavía anterior: una manifestación obrera en Frankfurt con motivo de la muerte de Rathenau; yo tenía diecisiete años").

Obligaciones...de pollo


Era algo "de pollo", y no se precisaba el qué. Se trataba de una obligación perentoria que debía cumplirse o presentarse en un muy variado formato o abanico de variables: uno podía cumplir una parte de una larga serie de condiciones (aunque era mejor para la tranquilidad del presente y su futuro cumplirlas todas) en forma de innumerables combinaciones de sabor y textura, pero lo que ya no estaba tan claro era el qué de aquel "al menos que sea de pollo". Porque lo particular e insistente era su carácter de obligación, de obligación perentoria ("vamos a ver, chaval, -venía a dar a entender-, hay un decálogo, por ejemplo, y, si es que lo hay, es que está para cumplirlo") y lo más curioso era que no se tratase de ninguna receta de cocina ni siquiera de algún resto de pedido olvidado y medio susurrado a la puerta por su cónyuge a manera de encargo para completar la lista de la compra en el supermercado de aquella mañana; no, más bien, la orden parecía desprenderse de las labores ejecutables en este mismo aparato en el que se hacen casi todas esas cosas que importan: era labor perentoria y a plazo fijo, y había que cumplirla y entregarla ya, ya y en esa misma ventanilla; y, entre un interminable listado de características exigibles al tal objeto numinoso o documento -pero (¡ay!) evaporadas de la mente-, quedaba como un último rastro (último, sí, pero, precisamente por ello, el imprescindible) el de que, al menos, hubiera de ser... de pollo.


¿"Una memoria justificativa, un proyecto con presupuesto, una reseña crítica... pero que sean de pollo?" se preguntaba angustiado el sujeto. Y nadie le respondía. Fue en ese mismo instante cuando despertó.

martes, 31 de marzo de 2009

Mapas

No es objeto de la imaginación evitar la realidad ni lo es su descripción ni una evocación de objetos o situaciones, es decir que la poesía no manipula el mundo sino que lo mueve. Afirma la realidad más poderosamente y por lo tanto, ya que la realidad no precisa de ningún apoyo personal sino que existe libre de la acción humana tal como demuestra la ciencia en lo indestructible de la materia y de la fuerza, crea un objeto nuevo, un juego, una danza que no es reflejo fiel de la naturaleza sino-

Como las alas del pájaro golpean el aire sólido, a falta del cual ninguno podría volar, así las palabras liberadas por la imaginación afirman la realidad con su vuelo (...)


La palabra no es liberada, por lo tanto no es capaz de comunicar su ruptura con imposiciones que la destruyan hasta que no se ha armonizado con precisión respecto al hecho de que, dándole realidad y por su propia realidad, establezca su propia libertad de la necesidad de una palabra y así la libere y la dinamice al mismo tiempo.

William Carlos Williams, Spring and All, en The Collected poems of WCW, vol. I, 1909-1939, ed. Walton Litz and Christopher Mc Gowan, New Directions, Nueva York, 1986, pp. 234-35.

Un plano, la disposición de un mapa de localizaciones ocultas a primera vista pero que vemos cuando la palabra hace una función semejante a la de esas gafas especiales para ver infrarrojos que le permiten al ladrón de las joyas únicas distinguir en la oscuridad los puntos marcados por las líneas luminosas de seguridad que los unen en una trama invisible al contemplador incauto.
Las palabras, cuando ajustan con su clave exacta -y son símbolos en el sentido griego de contraseñas- tocan la música, desgranan los números de la fórmula, conjuran de manera que las cosas se dispongan según el tono marcado por el director de la orquesta. Ven por vez primera lo que hasta ese momento no era visible, no estaba, y por vez primera, junto con las cosas, son.

Ron Silliman en su blog lee los pasajes de la imaginación en Spring and All como sugerentes de un concepto vecino al de la Langue de Saussure, es decir, el de un sistema del lenguaje, previo a su realización y que la posibilita como palabra concreta hablada, una gramática. No sé. Varios comentarios a su entrada muestran sorpresa escéptica cortésmente admirada. En todo caso una gramática previa a cualquier gramática, anterior a las palabras y las cosas y que las hace posibles como poesía.



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Imagination is not to avoid reality, nor is it description nor an evocation of objects or situations, it is to say that poetry does not tamper with the world but moves it--It affirms reality most powerfully and therefore, since reality needs no personal support but exists free from human action, as proven by science in the indestructibility of matter and of force, it creates a new object, a play, a dance which is not a mirror up to nature but--

As birds' wings beat the solid air without which none could fly so words freed by the imagination affirm reality by their flight [...]

The word is not liberated, therefore able to communicate release from the fixities which destroy it until it is accurately tuned to the fact which giving it reality, by its own reality establishes its own freedom from the necessity of a word, thus freeing it and dynamizing it at the same time.

martes, 17 de marzo de 2009

Más Guest, Un Énfasis















UN ÉNFASIS INCIDE EN LA REALIDAD

Campos de nubes se tornan mobiliario
mobiliario metamorfiza en campos
un énfasis incide en la realidad.

“Nevó hacia el amanecer”, una barcarola
que las palabras estiraron con rigor

siluetas que alcanzaron por su nítido perfil
el rostro de lirios...

Ansiaba un realismo limpio.

Anhelaba que la salida del sol se revisara
como aparición, mayestático su poder evocativo,
dos fuentes dibujábanse cercanas en un prado...

Recuerdas tratamientos
de “ser” y “nada”
iluminaciones capaces
de surgir de cambiantes direcciones--
son disciplinadas como motoras
flotando en el canal,
pues el silencio es pictórico
cuando el silencio es real.

La pared es más real que la sombra
o esa letra compuesta de caligrafía
cada vocal equivale a una pared

un vestido que el espacio otorga
un regalo de las paredes...

Estas metáforas pueden asimilarse una vez
hayan producido sus perros y gatos
nacidos en caminos junto a sauces,

los sauces no son árboles reales
nos enredan en su vaguedad
el mundo natural se despliega en verdor.

Una columna escogida a lo lejos
se alza al cielo mientras la fuente
es clásica...

destruirán la fuente turbada
en cuanto penetra en la modernidad y es rara...

La idealización necesaria de tu realidad
forma parte de la búsqueda, el viaje
en que dos figuras se abrazan

Esta casa diseñada para ellos
parece una casa real
quizá se trasladen hoy

hasta alcanzar un atardecer efímero y
salgan y vuelvan a entrar a la noche
una noche selectiva de árboles,

Las oscurecidas copias de todos los árboles.

De Fair Realism (1989) en BG., CP, pp. 221-222.
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AN EMPHASIS FALLS ON REALITY

Cloud fields change into furniture
furniture metamorphizes into fields
an emphasis falls on reality.
"It snowed toward morning," a barcarole
the words stretched severely

silhouettes they arrived in trenchant cut
the face of lilies...

I was envious of fair realism.

I desired sunrise to revise itself
as apparition, majestic in evocativeness,
two fountains traced nearby on a lawn....

you recall treatments
of 'being' and 'nothingness'
illuminations apt
to appear from variable directions --
they are orderly as motors
floating on the waterway,
so silence is pictorial
when silence is real.

The wall is more real than shadow
or that letter composed of calligraphy
each vowel replaces a wall

a costume taken from space
donated by walls....

These metaphors may be apprehended after
they have brought their dogs and cats
born on roads near willows,

willows are not real trees
they entangle us in looseness,
the natural world spins in green.

A column chosen from distance
mounts into the sky while the font
is classical,

they will destroy the disturbed font
as it enters modernity and is rare....

The necessary idealizing of you reality
is part of the search, the journey
where two figures embrace

This house was drawn for them
it looks like a real house
perhaps they will move in today

into ephemaral dusk and
move out of that into night
selective night with trees,

The darkened copies of all trees.

BG., Fair Realism (1989), en The Collected Poems of Barbara Guest, Wesleyan University Press, pp. 221-222.

miércoles, 11 de marzo de 2009

Barbara Guest, Dirección

Barbara Guest, de soltera Barbara Ann Pinson, nacida en Wilmington, North Carolina, 1920. Infancia en Florida, California (Los Angeles), estudios en Berkeley. Tras un primer matrimonio, se traslada a Nueva York donde se vincula al ambiente artístico y literario del expresionismo abstracto y la escuela poética neoyorquina de los 50 desde una posición personal e independiente. Se casa de nuevo con el británico Haden Guest y, tras nuevo divorcio, con el historiador Trumbull Higgins. Crítica de arte, es autora de una novela, Seeking Air (1978), tres piezas dramáticas, un importante estudio biográfico de la poeta H. D. (Herself Defined: The Poet H.D. and her world, 1984), ensayos sobre arte (Dürer in the window, 2003), poesía (Forces of Imagination, 2003) y una obra poética que se inicia en 1960 con The Location of Things, The Blue Stairs (1968), Moscow Mansions (1973)..., tiene en The Türler Losses (1979) o Fair Realism (1989) libros centrales de madurez, y culmina con libros finales como If So, Tell Me (1999), The Confetti Trees(1999), Miniatures and other poems(2002) y The Red Gaze(2005). En 1994 se traslada con su hija Hadley a Berkeley donde vive sus últimos años y empieza lentamente a recibir reconocimiento a su obra. Fallece en Berkeley en febrero de 2006.

Dirección

Abandonemos nuestros viajes
y tan fácil sea pasear por aquí como
lo foráneo de estas hojas
los silencios intraducibles, los ecos
de una torre, arduos vientos,
también aquí gobiernan nuestras barcas.

Amiga de la hora estática
llevo tu mano hasta las esquinas.

¿Acaso con nuestra maña no perdimos
elementos importantes
del equipaje al actuar en hoteles
solitarios? Las costas son crueles
en invierno la arena un erial
llanto para mi lengua la arena es como
mi corazón que enterré dentro
ahora hay una postura que ahí queda
para que la reconozcas. Tan solo tengo
dos corazones, y a éste, al huérfano,
lo necesito aquí en casa que es
la Escandinavia de todas las Rusias.

La luz no está ociosa, está llena de raudos
cambios que podemos llamar viajes
si queremos, mientras se traslada de una habitación a otra.
Qué representativo de nosotros es este tiempo que hace,
tan amable que ha cruzado las aguas
para alcanzarnos, su tocar cierto lado
de la piel cuando abrimos la ventana.

Nuestros ojos visionan monumentos
constantemente, la hosca escultura
de la fachada es también un viaje
al centro donde la roca no está labrada.
La escalada prueba nuestra resistencia, nuestros moratones
son tantas ciudades, la sangre que derramamos
es nuestra, así que sostengo que no podemos pertenecer
a ninguna otra parte, aquí está el contador
de nuestras heridas y nuestras delicadezas.

En nuestro propio suelo que es una excavación
desolada como el lugar cuyo nombre
nunca habremos de pronunciar.

___________
Direction

Let us give up our trips
to pace to and fro here as easily
the foreignness of these leaves
the untranslatable silences, the echoes
of a tower, difficult winds,
as well here sail our barges.

Friend of the static hour
I take your hand across the borders.

Haven’t we with our skills
lost important elements
of our luggage performing in lonely
hotels? The seacoasts are cruel
in winter the sand is a waste
cry to my tongue the sand it is like
my heart which I have buried in it
now there is a posture lying there
you can recognize it. I have only
two hearts, I need this orphaned
one here at home which is
the Scandinavia of all Russias.

The light is not idle, it is full of rapid
changes we can call voyages
if we like, moving from room to room.
How representative of us this thoughtful
weather that has traveled the water
to reach us, the touch of a certain side
of the skin when we open the window.

Our eyes are viewing monuments
constantly, the angry sculpture
of the façade it is also a journey
to the center where the rock is uncut.
Climbing it tests our strength, our bruises
are so many cities, the blood we shed
is ours, so I say we can belong
nowhere else, here is the counter
of our wounds and our delicacies.

On our own soil that is an excavation
desolate as the place whose name
we must never pronounce.


The Blue Stairs (1968) en BG., The Collected Poems of Barbara Guest, Wesleyan University Press, 2008, pp. 75-76.
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N.B.
Después de recibir el bonito volumen de la Wesleyan, durante una temporada me sentí como ante un objeto sagrado de los sacerdotes egipcios perfectamente hermético. No veía por dónde hincarle el diente y seguramente sigo así en mi relación con una gran parte de su precioso (intuyo) contenido. Entonces apareció Directions y me dio por pensar que quizá sintonizaba con alguna de mis particulares tabarras internas de la que viniera a ser ¿un eco o una respuesta? Todavía no lo sé. En fin, la copio a manera de testimonio:

Márgenes¿Cómo poder entrar, cuando la inteligencia (la meritoria consecutividad de la serie de las claves engarzada sin falla en un collar de difíciles abalorios) no alcanza ni tan siquiera una micra más allá de la meta que marcan las satisfacciones ya programadas en el hábil ejercicio cumplido y certificable? ¿Qué me añado?, ¿qué gano?, ¿qué es aquello de lo que me apropio? E igual que de la almena a la que apenas don Rodrigo puede llamar suya, quiero saber si es que hay algo más, si, una vez dueño de lo averiguado y de lo vencido, puedo alcanzar lo que me interesa. ¿No es poco lo que tengo o debo declararme contento? ¿Hay más? ¿Adónde ir entonces?, ¿y después? ¿Será lo que de verdad importe? ¿O es que lo que hay, como cuando se dice que "no hay más que lo que hay", si es que hay algo allí, ese algo de más es un algo sobrante y gratuito y, sobre todo, si habiendo algo más, es también ese algo un algo de muy otro cariz que el de aquello que me sirvió para atraparlo, y más que medio es un fin, es algún fin digno de ser alcanzado por sí mismo..? ¿Es un gozo verdadero?, ¿es placer? Puedo regodearme interiomente en la hazaña, pero eso mismo ya no es suficiente cuando lo que deseo es el placer único, el verdadero, y haber entendido me deja ya tan solo a la puerta. ¿Está abierta? Pedir al menos ese margen, ese resquicio, el mínimo posible que abra un hueco para acoger lo inesperado. ¿Ya se abre?

domingo, 1 de marzo de 2009

(Re) lapso

Domingo. Siete de la mañana. Inmensidad de papeles infantiles piden ser atendidos. ¿Siete de la mañana porque inmensidad de papeles piden ser atendidos? ¿Tal el poder de la autoconciencia (Hegel) que muta en insomnio? No sé. Y entonces me invade una demora, un lapso, un tiempo. Un escrúpulo de no abandonar tan feamente esta ristra de lánguidas apariciones desflecadas al rebufo del indecoroso delantal publicitario aquel del otro día, del otro mes. Un descanso, un olvido andaluz, un rato al menos de retiro en la cueva primitiva donde recogerse devotamente y ahora por un tiempo, un siglo, para, si es caso, que ese algo de momento sirva y el troglodita cataléptico se reponga y vuelva fresco. Vale.(1)

(...) I could
now place you
in a column from which
There is No Escape
and down which The Machine
will always recognize you (...)

Ed Dorn, Gunslinger, 33.
________________
(1) ...Y, por si fuera poco, el aparato ("The Machine") repleto de virus.

domingo, 1 de febrero de 2009

Pancartas de cuero (patent leather)


El otro día intenté la versión de un poema de Creeley y, como ya comprobaríais, quedé insatisfecho con el resultado. El honrado propósito de la versión literal deja, en la orilla de la propia lengua, no otro poema, sino, en el mejor de los casos, una carcasa seca como resto de alguna presencia supuesta de un original que hubo. Qué le vamos a hacer. Con el conocimiento del inglés de un aficionado a la literatura anglosajona que quisiera, al leerla, incorporársela desde su forma original y, a veces, si es caso, trasladarla a la propia lengua como otra variante más de la lectura, pretendo, en primera instancia, al traducir, sobre todo, entender y secundariamente producir un texto legible para otros. Así que, cuando leo novelas o relatos de esas literaturas (y si es que dispongo del original en formato libro o, como cada vez es más fácil en internet, en algún pdf descargable desde páginas que ofrezcan textos no sujetos a derechos, es decir, anteriores a, pongamos, 1900; y, tratándose de literatura inglesa, casi toda ella ya está disponible en la red), lo que suelo hacer son catas de lectura contrastada y fragmentaria de páginas o pasajes, a manera de prueba o experimento, entre una versión española y la original.

El trabajo del traductor es siempre sacrificado, mal pagado, y por ello mismo, si incluso es bueno, algo digno de toda mi admiración y respeto; pero también hay veces en que la premiosidad con que ha de elaborarse y otras condiciones anejas a ese duro oficio quizá sirvan de excusa para soluciones que el lector español recibe, si no le asiste una perspicacia detectivesca, con la naturalidad con que nos mojamos cuando llueve (sin percatarse casi nunca de que le acaban de arrojar un cubo de agua sucia desde un segundo piso). Bien, pues, de este último tipo de experiencias voy a contar un caso reciente.

Leía hace unos meses una colección de cuentos de Rudyard Kipling. Últimamente han aparecido varias: las editoriales han pasado, como en ocasiones suelen, del desinterés y el silencio, a la plétora. Parece haber sonado la hora de los relatos breves de Kipling. Se me ocurrió que esa afluencia pudiera tener como causa próxima los encendidos y casi constantes elogios de Borges en las memorias de Bioy Casares publicadas hace poco en Destino (Borges considera que hay dos grandes maestros del relato breve: Rudyard Kipling y Henry James).

Una tarde me puse a comparar una vieja versión de uno de los cuentos, The finest story in the world, un cuento de las Many Inventions de 1893(1) que ya conocía como El relato más bello del mundo en una vieja versión de Amando Lázaro Ros en Aguilar (2) y que ahora leía como El mejor relato del mundo en reciente traducción de Miguel Martínez-Lage(3) , y así también leí primero el pasaje que cito a partir la colección de 16 relatos que Somerset Maugham seleccionó en 1952 y que ahora editaba Sextopiso: los había cogido para ocupar un trayecto de autobús y ya en casa comprobaba que algunos, como el citado, los conocía de antes en la vieja versión de Aguilar. Se me ocurrió entonces comparar las dos versiones de una frase que me chocó. La frase que leí primero fue la del Kipling de Martínez-Lage (3)y dice así:

"Contratarían esos ingleses que trabajan como hombres anuncio, con una pancarta de cuero por delante y otra por detrás, para que lo anunciaran a los cuatro vientos".

El narrrador ha escuchado de boca de un amigo un relato extraordinario, una auténtica comunicación con instantes vividos por un alma transmigrada desde una batalla naval en la antigua Grecia hasta otra en las guerras púnicas que, pasando por la Islandia vikinga, llega al presente, para instalarse en el espíritu del bueno de Charlie, como un portador ignorante de lo que su memoria alberga de vívidas evocaciones, de rastros de presencias del pasado condenadas a desaparecer si es que antes alguien no las traslada al papel. Sueña en el impacto mundial que tendrá semejante relato, una vez que se difunda y empieza a delirar en torno a los procedimientos de difusión. La frase en cuestión es parte del delirio propagandístico.

El mismo pasaje aparecía así en la versión de Lázaro Ros:

"Ellos alquilarían a ingleses de piel de toro, anunciadores de sí mismos, para bramarlo en el extranjero."

Si no tuviéramos el original a mano, seguro que todos votaríamos por la primera versión. En la de Lázaro Ros no condicen nada bien esos "ingleses de piel de toro" (¿la piel es literal o figurada?) como "anunciadores de sí mismos" y, que, a la vez, deberán "bramarlo" (es decir, "anunciar" el relato). Parece que deben hacer dos cosas: anunciarse a sí mismos y propalar la historia increíble.

El original dice así:
"They would hire bull-hided self-advertising Englishmen to bellow it abroad."

El señor Martínez-Lage ha entendido que hay unos ingleses "advertising oneselves", o sea, que "se hacen propaganda" y que esa propaganda es del estilo "bull-hided", es decir, que emplea pieles de cuero o de toro a tal efecto y, claro, si nos situamos en un punto del siglo XIX en que los procedimientos de marketing estaban aún en mantillas, no nos costará demasiado trabajo imaginar que se utilizaran grandes paneles de cuero pintarrajeados con almagre y sostenidos por algún caballete de madera para constituir el armazón que trasladaba el hombre anuncio por las húmedas calles de Londres o París hacia 1875. Tan visualmente verosímil se nos antojan esas pancartas de cuero (legítimo y británico) paseándose, que Catalina Martínez, en su reciente versión, repite literalmente a Martínez-Lage(4).

La dificultad está en el lenguaje: "self-advertising", como sugiere el OED es sinónimo de "self-centred" y habla de alguien que tan sólo y monográficamente "se nota y percibe y promociona" [advertising] a "sí mismo" [self], lo que vendría a dar un tipo de ingleses [Englishmen] "bien instalados en sus propios asuntos",y pongamos que, si le añadimos "bull-hided", decimos que, figuradamente, tienen un pellejo taurino, como ese John Bull arquetípico, a prueba de roces y con el que pueden y muy a gusto darse tono y presumir [bull-flesh]. Así que Amando Lázaro Ros al que habíamos vituperado como ilegible y desechable frente a los atractivos "hombres anuncio", se revuelve con su prosaica literalidad y tiene sus razones.

Al descuidado lector yo le propondría (sin demasiadas exigencias) la siempre tentativa versión siguiente:

"Contratarían a unos cuantos ingleses de esos vividores y jactanciosos para que lo vocearan a los cuatro vientos".

(...pero leeros el cuento porque, en cualquiera de las versiones, sigue siendo delicioso).

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(1)Ruyard Kipling, Collected Stories, Selected and introduced by Robert Gottlieb, Everyman's Library, Londres, 994, pp. 259-289. El pasaje original en p. 277.

(2)Rudyard Kipling, Obras escogidas, tomo I, Aguilar, Madrid, 1958, págs.814-848.La versión en p. 834.

(3)Rudyard Kipling, El mejor relato del mundo y otros no menos buenos. Selección y presentación de W. Somerset Maugham,traducción de Miguel Martínez-Lage, Sextopiso, Madrid,2007 [es versión española del Maugham's Choice of Kipling Best]. El texto en p.65. Martínez-Lage, entre otras muchas versiones, es autor de la titánica y en general atinada traducción del Johnson de Boswell en Acantilado.

(4)Rudyard Kipling, Relatos. Traducción de Catalina Martínez. Selección y postfacio de Alberto Manguel, Acantilado, Barcelona, 2008. No puedo precisar la página. No poseo el libro y leí la versión del pasaje en una librería.[Esta mañana -4 de febrero, miércoles- consigo acercarme algo más al libro y, gracias a una fotocopia, leo el pasaje en cuestión en la pág. 317 del citado: "Contratarían a ingleses como hombres-anuncio, disfrazados con una piel de toro para que lo vocearan en el extranjero".]

domingo, 25 de enero de 2009

Cena

Jonathan Mayhew, en su blog, (me) señala este poema de Robert Creeley (1926-2005). Intento una versión:



Cena

Trágatelo.
Y sal otra vez.
Y vuelve de nuevo y
trágatelo.

En marcha por el día,
un césped como cabeza rapada
y todas las sillas apiladas
otra vez. Trágatelo.

Come para ganar fuerza y salud.
Come por gusto, por ti,
por el país y por tu madre.
Come lo que tu hermanito no comió.

Contento con tu suerte
y todo cuanto tienes.
Sé lo que quieran.
Trágatelo.

Ya no puedo pensar en el cielo
como el lugar al que quiero ir,
ni cuando muerto. Quiero
tragármelo.

Quiero seguir comiendo,
bebiendo, pensando.
Llevo ventaja. No estoy muerto.
Trágatelo.

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Supper

Shovel it in.
Then go away again.
Then come back and
shovel it in.

Days on the way,
lawn's like a shorn head
and all the chairs are put away
again. Shovel it in.

Eat for strength, for health.
Eat for the hell of it, for yourself,
for country and your mother.
Eat what your little brother didn't.

Be content with your lot
and all you got.
Be whatever they want.
Shovel it in.

I can no longer think of heaven
as any place I want to go,
not even dying. I want
to shovel it in.

I want to keep on eating,
drinking, thinking.
I am ahead. I am not dead.
Shovel it in.



Robert Creeley, de If I were writing this[2003] en The Collected Poems of Robert Creeley 1975-2005, University of California, Press, 2006, p. 582.

martes, 20 de enero de 2009

Suerte, amigo


“La esperanza es el poder de permanecer alegres en circunstancias que sabemos desesperadas. Es cierto que existe un estado de esperanza que pertenece a las brillantes perspectivas de la mañana, pero esa no es la virtud de la esperanza. La virtud de la esperanza existe sólo tras un terremoto, durante un eclipse. Es cierto que existe algo que suele llamarse caridad, y que equivale a la caridad que se ejerce con los pobres, que se lo merecen. Pero la caridad ejercida con quienes la merecen no es en absoluto caridad, sino justicia. Son quienes no la merecen los que la necesitan, y el ideal, o bien no existe en absoluto, o bien existe del todo para ellos. Por razones prácticas, es en el momento desesperado cuando nos hace falta el hombre esperanzado, y esa virtud, o bien no existe en absoluto, o bien empieza a existir en ese momento. Exactamente en ese instante en que la esperanza deja de ser razonable y pasa a ser útil.”

G.K. Chesterton, Herejes, trad. Juanjo Estrella, ElCobre, Madrid, 2007, p. 129.


MOTIVO

Un viento leve oí. Buscándome venía
Por bosques sosegados.
Contemplé un viento leve. Buscándome venía
Por mares sosegados.

Entre follajes de terrenos foscos
Mi camino seguí.
Noche y día, por aguas silenciosas
Anduve errando
tras el viento leve.

[Ezra Pound, versión de Jorge Guillén en "Homenaje", Aire Nuestro, Milán, 1968, p. 1517.]

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Hope is the power of being cheerful in circumstances which we know to be desperate.
It is true that there is a state of hope which belongs to bright prospects and the morning; but that is not the virtue of hope.
The virtue of hope exists only in earthquake and eclipse.
It is true that there is a thing crudely called charity, which means charity to the deserving poor; but charity to the deserving is not charity at all, but justice.
It is the undeserving who require it, and the ideal either does not exist at all, or exists wholly for them.
For practical purposes it is at the hopeless moment that we require the hopeful man, and the virtue either does not exist at all, or begins to exist at that moment. Exactly at the instant when hope ceases to be reasonable it begins to be useful. (...)

Gilbert K. Chesterton, Heretics [1905]

MOTIF

I have heard a wee wind searching
Thru still forests for me,
I have seen a wee wind searching
O'er a still sea.

Thru woodlands dim
Have I taken my way,
And o'er silent waters, night and day
Have I sought the wee wind.

Ezra Pound A Lume Spento [1908], Poems & Translations, The Library of America, New York, 2003, p. 55.

jueves, 8 de enero de 2009

Cajones

Sí, hay épocas de recambio, de grandes limpiezas generales. Muy de tarde en tarde, cuando no hay otra salida, reconozco que la cosa se pone fea y yo también hago limpieza y tiro muchas cosas. Después me arrepiento de haber tirado según qué cosas, pero ya no suele haber remedio ("¿No te acuerdas de que la o lo tiraste?" "Ya, pero en realidad no quería... ¿...y por qué no me dijiste que no la tirara o...?" etc.). Mientras tanto, acumulo. Sí. Sólo un poco, sin exagerar, pero acumulo. Quiero decir que no soy un Diógenes de esos que salen en los reportajes o en alguna película. Lo mío no es tan grave. Pero sí que tengo (¿ y quién no tiene?) uno (o más de uno) de esos cajones donde empiezas por guardar un clip y un día ves 500 clips de todos los colores y tamaños; un día dejas una pluma de bambú rota y, al final...Bueno, si soy honrado y digo lo que me parece de verdad el primer cajón de mi mesa a la izquierda de estas teclas pues debo reconocer que es, en pequeño, un auténtico basurero. Si lo viérais cualquiera de vosotros (sí, cualquiera) me diríais seguramente: "Pero es que...¿no te da vergüenza? ¿Cómo puedes tener un cajón así? ¿Por qué tienes un cajón así? ¿Es alguna ofrenda, algún muestrario de exvotos, como esos llenos de brazos de cera u otros órganos de cera que se ponen en agradecimiento de los favores recibidos?". Pues pondría cara compungida y no admitiría que se moviera ni un solo papel de fumar (no fumo, pero cuando fumaba no usaba papel de fumar, y, sin embargo, ahí siguen los papeles de fumar y los mecheros viejos y estropeados: los zippos y los eléctricos que siempre se les escacharraba el mecanismo del encendido y los sacapuntas de guillotina y una brocha de afeitar y jeringuillas para trasvasar tinta y papeles de colores y abrazaderas de folios y un botafumeiro pequeñito que no es de plata aunque lo parece y pilas de todos los tamaños y papelillos sueltos para libros y cortauñas y clavos y tornillos raros y lupas y recambios de tinta y tizas usadas para chupar tinta de borrones y navajas y depósitos de piedras de mecheros y boquillas de plástico de esas mentoladas y...).
El segundo (porque, sí, hay otro) es algo diferente: quizá un poco más conmemorativo: es el cajón de las entradas de cine y los resguardos del banco. Es el cajón del "por si acaso". Este papel no lo tiro porque apunté un teléfono y lo dejo aquí para que se pierda y porque nunca se sabe cuándo te puede hacer falta...Esta tarjeta de un hotel de Madrid la guardo para que no se me olvide cómo se llamaba y por si vuelvo...Hay de todo pero en un formato pequeño, acartulinado o plastificado, algo documental (pues casi siempre hay fechas o teléfonos o signos de haber estado en algún sitio y hay carnets viejos y monedas extranjeras, insignias y bonos de autobús) y recordatorio; hace un papel de agenda arbitraria y revoltijada.
Por eso cuando leo que alguien tira un libro, como si se limpiara la cabeza por dentro,...pues me fastidia un poco. Yo no tiro ningún libro jamás. Dejo que se me pierdan. Pero tirar libros, nunca. A veces me imagino la desesperación absoluta como el acto de tirar todos los libros (lo de quemarlos me parece demasiado ostentoso, como el Kien de Canetti). No eso de unos sí y otros no, haciendo con ello una especie (¡qué horror!) de crítica literaria y autocrítica retrospectiva (¡más horror aun!). No. Todos y no volver a leer nunca más. Digo, en todo caso...