lunes, 21 de septiembre de 2009

Árboles



Se le nota lo orgulloso que está de sus árboles. Le habrá dicho al fotógrafo: "Sácame con los árboles, pero que se les vea bien altos".
No sé de qué árboles se trate: ¿un par de añosos chopos y en el centro un roble melojo con los estolones recientes después de varias podas? A saber.

domingo, 20 de septiembre de 2009

Dos curas



Los dos fuman cuarterón. Son curas rurales de una pieza. El primero, el de la bien encajada birreta, parece más autorizado que su compañero, que luce cráneo rapado. Con buen estilo, se recoge aquél el manteo como un diestro; lleva, además, en la mano una lectura enrollada, quizá la prensa, ¿la parroquial de la provincia o El Debate? Demasiado liviano para periódico. Admira el empaque de ambos, su serena visión del mundo. Estoy seguro de que el de bonete lee a los clásicos latinos con fluidez y sin diccionario. El segundo quizá frecuente más la problemática moral y vital del labriego; de ahí esa expresión socarrona, cachazuda, que lo distingue. Son dos columnas de la civilización hispana en el campo palentino. Esencias de la intrahistoria.
Fecha: circa 1934.

Carro de bueyes



Un sencillo carro de bueyes. El fotógrafo ha hecho subir a su hijo a lo alto del carro para que salga en la foto. El carrero y su mujer flanquean al niño que, divertido, hace gestos venatorios. Dos chicuelos, hijos del matrimonio labriego, se colocan frontales para salir en la fotografía. La señora o señorita de la vara y la niña de pelo claro podrían ser parientes del niño cazador. 

¿Qué lleva el carro? ¿Ramas con fruta, alfalfa? ¿Algún experto se atrevería a identificar la carga?
Fecha: circa 1934.

sábado, 19 de septiembre de 2009

Mozos de Villasila



Una entrada en el blog de Helter me sugiere la idea de ofrecer esta foto: la posibilidad de que exista alguien que conozca a alguno de los comparecientes o a su descendencia en esa panorámica humana de la localidad de Villasila (Valdavia, Palencia) durante cierto momento de la década de los 30, antes de la guerra. 

Como tiene que ser, en el centro posa el cura párroco y pequeñito con su birreta de rigor quien, desde atrás, se ve amparado, imposita manu, quizá por el alcalde, al que parecen secundar un par de fuerzas vivas (¿secretario, médico por su atuendo?). Algunos sostienen varas finas: ¿serán cohetes de las fiestas? Una lo sugiere. 

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Baile en la era


Veo fotos antiguas en varios blogs compañeros y me acuerdo de mi vieja colección familiar de negativos. Son negativos de formato grande: hace años mandé revelar algunos. Unos pocos; no era barato, y bastantes estaban muy deteriorados por el tiempo, y eso que su último dueño los había protegido cuidadosamente dedicando a cada uno su pequeño sobrecito azul con alguna leyenda identificativa (más de una para mí ya críptica). El otro día descubrí (¡Harry, tú lo habrías hecho mucho mejor; yo soy un manazas con esto del Photoshop!) que colocando los negativos en el escáner y, con algún retoque - el truco a veces funcionaba y otras ni para atrás-, se podían medio «revelar» gracias a la función de invertido del programa y recuperar un remedo de la desvaída imagen.
Os pongo una que por lo genérica podría servir casi para cualquier lugar de al menos, si no España, sí Castilla, y en este caso concreto la Valdavia palentina de antes de la guerra. Sí, porque poco más podría atreverme a precisar: son campesinos bailando en la era -la indicación del sobre azul que contenía el negativo rezaba «Baile en la era»- pero ¿de qué pueblo? ¿Villasila, Villaeles o Vega de doña Olimpa? Vega de doña Olimpa...¿Quién sería doña Olimpa? Seguro que hay alguien que lo sabe. La fecha puede ser circa 1934, año más, año menos. La pequeña fuente dorada que dio nombre al caserío (me hizo gracia encontrarla en los Orígenes del Español de Pidal como ejemplo de evolución fonética) ahora forma parte de una explotación en régimen cooperativo.
¿Por qué bailaban en la era? ¿El pueblo carecía de plaza para hacerlo allí? ¿Era un baile semiclandestino o sencillamente el de un grupo particular de labriegos vinculado laboralmente y de ahí que no se celebrara como verbena en la plaza del pueblo? De tanto ver la foto casi me la sé y ahora no la tengo delante pero la veo. Me llamaron la atención las piernas de las mujeres. Una de ellas o no lleva medias o son transparentes (difícil en la época y en aquel medio), las otras llevan medias negras o blancas. Las boinas negras caladas de aquellos dos vestidos con traje de negra pana y camisa blanca; en cambio, éste de la derecha lleva visera y traje claros y zapatos blancos ¿y en la era? Será quizá un capataz o alguien de clase alta. Dos en el centro parecen empujarse con sus parejas respectivas, quizá bromean. Pero en general se baila en serio, todos están reconcentrados en la labor. ¿Otro mundo?

(Siento la mala calidad del «revelado». Seguro que se podría mejorar).

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Militancia


«Hay que definirse», se decía mucho en los años anteriores a la guerra civil.
Suele  suceder que aquel al que en esos momentos amigablemente se zarandea para que acepte la verdad quizá comparta las mismas posiciones esenciales de quien, con su discurso, le pide aquiescencia moral e intelectual, e incluso participaría de esa su misma indignación ante los hechos en cuestión (cuando los hechos, pongamos por caso el terrorismo o cualquier otro atentado contra la libertad, son motivo de básica repulsa humana), pero también es posible que no comulgue con la lectura completa, con el diagnóstico, o con toda la medicina subsiguiente, y por ello, y a la vez, tampoco considera que deba rebotar automáticamente en compulsiva respuesta aquiescente a la posición perentoria del «si no estás conmigo estás contra mí». Bien, pues ése al que no le apetece responder al empujón exigente, que tan sólo pretende mantener una mínima independencia personal, (naturalmente atiborrada de errores y de «idiotez» útil al enemigo, pero, bueno, que es la suya), ése mismo es de suponer que detestará cualquiera de los variados modos de agarrar por la solapa con los que se acostumbra por aquí a solicitar aquiescencia, o participación, o afiliación al bando de los buenos. Se le suele pedir no sólo que denuncie el mal sino que colabore en la campaña del inquisidor cargado de razón, y que lo haga en sus términos, sin salirse un milímetro de la raya, y con el natural corolario de que, si fuera necesario, y suele serlo, se autocritique «sinceramente», renuncie a cuanto, para su desgracia y extravío, haya venido insensatamente a dar en ser, a fin de que pueda -más vale tarde que nunca- alcanzar la deseable condición de «recién nacido a la verdad»... 
En fin, suele pasar que quien no recibe con su sí el paquete íntegro, el que no responde con el «amén», resulta que ya está comprendiendo el mal, que lo está aceptando, lo está perdonando y, en consecuencia, es su abyecto «cómplice».

martes, 8 de septiembre de 2009

Árabes

¿Quién será el responsable de que yo salga a la calle, esta tarde, acelerado y procurando soslayar los controles habituales, a comprarme una gramática árabe de tamaño regular, tirando a voluminosa y que no estaba mal de precio...? Al final pues no ha sido así, tal y como me digo a mí mismo con el aliento entrecortado por el sprint de 10 minutos de aquí al centro y del centro aquí; y no ha sido así gracias a la desidia habitual en algunos comerciantes (con crisis o sin ella). Ya estuve el otro día, y puse cara de poco interés al preguntar (es lo preceptivo) y, quizá por eso, la encargada se lo debió tomar en plan literal, y me habló, desganada también ella y por contagio, de que tenía que buscar en un almacén lejano («está en un pueblo», «pásese mañana», etc.). Me paso esta tarde y no «lo había encontrado», no estaba donde debía, etc.  
No sé por qué me pasan estas cosas. O sí sé. Aunque también se me ocurren un par de circunstancias colaterales a la afición desmedida por la gramáticas y las lenguas imposibles. En este caso quizá fuera la lectura de un bonito artículo en el que se aludía a los lectores «románticos» de Los Siete Pilares de la Sabiduría del coronel T.E. Lawrence, insensatos admiradores de tipos árabes del estilo de los tan diestramente retratados en ese «inmortal reportaje». Bien. Sí. Es posible que fuera el disparadero remoto de la ocasión concreta. En el caso de los Pilares no sólo recuerdo haber leído con mucho gusto (pese a las abundantes erratas) el libro de Júcar en la estupenda versión de Alberto Cardín, sino que algo tuve que ver con la publicación de una introducción (que se debió perder y no llegó al libro o al menos no en esa edición de 1989) y de algunos capítulos como adelanto del mismo.
Quizá también haya creado «ambiente» la lectura, desde julio pasado, de la Muqadimma (o Introducción a la historia universal) de Ibn Jaldún. Otra delicia. ¿Qué sería eso de la «assabiyyah» (عصبيّﺔ), me repetía mientras leía los perspicaces análisis del nomadismo árabe primitivo (o simplemente «ruralismo» como quiere el traductor francés)? Ser de «pueblo», ser «nómada», hombre del desierto, tiene virtudes de las que carece la «civilización», pero no es exactamente lo de Horacio o Fray Luis, es, más bien, otra cosa: es el propio desierto y la vida del desierto lo preferible. Un árabe cultísimo de familia sevillana de Carmona, aunque nacido en Túnez en 1332, escribe entre 1375-80 en la fortaleza beréber de Ibn Salama las 1200 páginas de la Muqadimma y funda con ello una nueva ciencia de la cultura, una «física social» (Carlos Moya) o una sociología de las costumbres, una mirada a la sociedad y a la historia que cuesta creer que fuera escrita a finales del siglo XIV. Ibn Jaldún prefiere la vida nómada porque no está sujeta a la decadencia segura de la vida de lujo y «progreso» de las ciudades. El hombre civilizado carece de «assabiyyah», de solidaridad, de sentido de grupo, del sentimiento «familiar» de pertenencia...

Mejor que explicárselo, lean el libro (y en especial esos sabrosos capítulos sobre el nomadismo, la civilización, la «educación» y la «assabiyyah» en I, ii, 6-11 y siguientes).

Por ejemplo:

«Que trata de que los miembros de un grupo con fuerte cohesión poseen 'casa' y nobleza reales y con viejo arraigo, mientras que otros poseen estas cosas de manera ficticia y aparente.

Esto es así porque la nobleza y el prestigio se adquieren sólo con las cualidades. Poseer una 'casa' quiere decir que entre sus antepasados hubo hombres conocidos por su nobleza, y esto supone un timbre de gloria que se transmite a él por ser su descendiente y estar relacionado con ellos; y en los espíritus de las gentes de su tribu se mantiene grabado el prestigio y la nobleza que sus antepasados adquirieron por sus cualidades. Las gentes, en lo que atañe a su origen y a su descendencia, son como los veneros, tal como dijo el Profeta -Dios lo bendiga y salve-: «Las gentes son veneros: los mejores antes del Islam son los mejores en el Islam, si entienden». Y la esencia del prestigio siempre está radicada en los antepasados.
Ya hemos explicado que el fruto y la ventaja de pertenecer a una noble estirpe es la fuerte cohesión en el afecto y en la ayuda mutua. En la medida en que esa cohesión es capaz de infundir respeto, y su origen es noble y sin mancha, la ventaja de tener una estirpe es más evidente y más intensa, y lo será tanto más cuanto mayor sea el número de antepasados nobles. El prestigio y la nobleza son dos elementos fundamentales en las personas que forman un grupo fuertemente cohesionado, porque su existencia era consecuencia natural de su pertenencia a su estirpe. Las diferencias entre las 'casas' en lo referente a nobleza se corresponden con las diferencias de cohesión, porque ése es su sentido profundo.
Los que viven individualmente en las poblaciones no pueden tener una 'casa' más que en sentido figurado, y si dicen poseerla es para lucirse con tal pretensión. Cuando se analiza el prestigio de las gentes de las ciudades se encuentra que consiste en que el hombre al que se tiene por antepasado suyo se distinguió por hacer el bien y por formar parte de los buenos manteniendo un comportamiento íntegro tanto como le fue posible. Pero esto es diferente del sentido profundo del espíritu tribal, que es el fruto de la estirpe y del número de antepasados. Y aunque se usen los términos de prestigio y de 'casa', se hace en sentido figurado, por la relación que también en este caso existe con el número de antepasados que de manera continuada han mantenido una actitud constante en el bien y en sus sendas. Pero esto no es verdaderamente prestigio en sentido propio, y aunque está bien establecido en el uso lingüístico que su empleo es correcto en ambos casos, se puede mantener que uno de estos usos resulta preferible.
La 'casa' posee una original nobleza debido a la cohesión del grupo y a las cualidades de sus miembros. Pero luego se ven privados de ella cuando esa cohesión desaparece como consecuencia de la vida sedentaria, como hemos dicho anteriormente, y se mezclan con la masa de la población. En sus espíritus queda entonces un sentimiento de nostalgia que los lleva a seguir considerándose miembros de las más nobles 'casas' y a mantener la unión, pero ya no hay tal cosa, porque el espíritu de clan ha desaparecido totalmente. Muchas gentes de la ciudad, cuyos orígenes provienen de 'casas' árabes y no árabes, mantienen esa nostalgia; y los que en mayor número conservan arraigada esa nostalgia de su pasado son los judíos. Realmente ellos poseyeron una de las más nobles 'casas' del mundo. En primer lugar, por su origen, ya que entre sus antepasados se cuenta un gran número de profetas y enviados, desde Abraham -sobre él la paz- hasta Moisés, fundador de su religión y de su ley; y en segundo, por la fuerte cohesión y lo que, debido a ella, Dios les otorgó prometiéndoles el dominio.
Pero luego los desposeyó de todo aquello y los castigó con la humillación y la miseria, y los condenó a vivir como exiliados en la Tierra, y los marcó con la esclavitud durante miles de años por su incredulidad.»


Ibn Jaldún, Introducción a la historia universal (al-Muqqaddima), Ed. y trad. de Francisco Ruiz Girela, Almuzara, Córdoba, 2008, págs. 228-229.

Cambio Radical


Harry Sonfór, el mantenedor infatigable de uno de los pocos lugares realmente mágicos de la red, nos anuncia su 45727º
no cumpleaños.

¡Felicidades, Harry!

¡Sigue así!

lunes, 17 de agosto de 2009

Lee Harwood


















Nacido en Leicester en 1939. Vive en Surrey sus primeros años y estudia en el Queen Mary College de Londres. Además de la vocación poética ha ejercido variados oficios, desde cartero a ferroviario. A partir los 70 se instala en la pequeña ciudad costera de Brighton, aunque ha viajado frecuentemente, sobre todo a Estados Unidos, por cuya poesía y poetas (Ezra Pound, Olson, escuela de Nueva York, etc.) siente marcada inclinación desde el primer momento: durante una juvenil estancia en París a principios de los 60 conoce al neoyorquino John Ashbery con quien vive la relación amorosa que se reflejará en sus primeros libros: la plaquette The Man with the Blue Eyes, publicada en Nueva York en 1966 y el libro The White Room, de edición británica (1968) que la incluye. El amor, tanto el homosexual como el heterosexual, así como la naturaleza (el mar, la campiña inglesa, la montaña) constituyen presencias básicas en las muy diversas fases de su obra.
Poeta de formación ecléctica dentro del experimentalismo, contrasta desde un principio con el estilo convencional del ambiente poético inglés de los 50-60; une influencias de las vanguardias parisinas, del dadaísmo (es traductor de al menos cuatro antologías de Tristan Tzara), y de un cierto surrealismo junto con el «modernism» anglonorteamericano y, en concreto, el Pound «chino» de Cathay y los Cantos, además de  la poesía norteamericana posterior.
Gran parte de su obra, hasta fechas recientes, se publicó en pequeñas editoras de poesía experimental y «underground».

Además de los libros ya citados, es autor de Lanscapes, (1969), The Sinking Colony(1970), Freighters (1975), H.M.S. Little Fox (1975), Boston-Brighton(1977), All the wrong notes (1981), Faded Ribbons (1982), Monster Masks (1985), Rope Boy to the Rescue (1988), In the Mists: mountain poems (1993), Morning Light (1998), Evening Star (2004). La publicación de sus Collected Poems (2004) ha facilitado el acceso a una obra en gran parte desconocida.



R


En la cartilla desplegable
el conejo cartero se apresura
con su uniforme azul desvaído, la gorra puesta,
la saca al hombro, una carta en la pezuña.

¿Una carta en la pezuña? ¿Para quién?
¿Y dónde está de todos modos? El escenario
es vago, si es que no inexistente.
Remoto como esos paisajes
vistos en los viejos sellos de correo.
Islas violeta, robles ocres.

¿La carta es para mí? pero
soy demasiado joven para leerla, así
que nunca sabré si es para mí
si es que contiene saludos o
una declaración de amor o
el anuncio de un incomprensible desastre.


De Take a Card, Any Card: An Ikonostasis (2003-2004) en Collected Poems, Shearsman, Exeter, 2004, p. 516




La vieja pregunta
Para Ben Watkins



La quietud,
¿es de lo que se trata?
¿El brillo de luz en un vaso
sobre una mesa redonda de madera?
El sol que desemboca desde la ventana
en algunos papeles, en una mano que se mueve,
en la rodilla de un hombre.
Ese momento, parece que está quieto,
pequeño cielo,
pero fuera, tan seguros como el viento
que arrastra un árbol, la gente anda por la calle
a diferentes lugares.
¿Y qué tiene que ver con esto?
¿Cogerlo mientras esté ahí, pero...?
"Trasladarse en el tiempo" una frase irreal,
pero lo potencia.
Es dar palos de ciego, sí,
llevarse al pecho esos minutos preciosos
como iconos.
Algo así como ....¿qué?
¿Algo que negocie o navegue o
ponga quilla a un rumbo claro
por entre los días?
No sé. Me levanto
y atravieso el cuarto,
me vuelvo y

De Morning Light(1998), en Collected poems, p. 418
______________


R


In the pop-up alphabet book
the rabbit postman strides on
in a faded blue uniform, cap on his head,
bag over his shoulder, a letter in his paw.

A letter in his paw... ? For who?
And where is he anyway? The setting
is vague, if not non-existent.
Remote as those landscapes
seen on old postage stamps.
Violet islands, ochre oak trees.

Is the letter for me? but
I'm too young to read it, so
will never know if it's for me,
whether it contains greetings or
a declaration of love or
the announcement of incomprehensible disaster.


**


The old question
for Ben Watkins



The stillness,
is that what it's about?
The glint of light in a glass
set on a round wood table?
Sun streaming in from the window
onto some papers, a moving hand,
a man's knee.
That moment, stood still it seems,
a small heaven,
but outside as surely the wind
tugs at a tree, people walk by in the street
going various places.
What to do with this?
Take it while it's there, but... ?
"Moving through time" an unreal phrase,
but with an edge to it.
Stumbling often enough,
clasping such precious minutes
like icons to our breasts.
Somehow to... What?
Somehow to negotiate or navigate or
just steer clear headed
through the days?
I don 't know. I get up
and walk across the room,
turn and


De Lee Harwood, Collected poems, Shearsman Press, Exeter, 2004, pp. 418 y 516

martes, 4 de agosto de 2009

Orillas


Para encontrar a los tritones ahí abajo dormidos entre los juncos hay que introducir los pies en el agua muy despacio, procurando no enturbiarla. No lo conseguirás a la primera y casi seguro que el color marrón sucio del café con leche cargado con vetas negras será durante un tiempo el del líquido predominante y así no habrá nada que hacer con la charca. Se habrán despertado y se habrán ido. Pero, si entras despacio y, una vez depositado el limo en el fondo y cuando el agua se aclara, existe la posibilidad de verlo, si se tiene buen ojo y se mira con cuidado, ahí, como flotando entre dos aguas, dejándose llevar un momento, con sus manitas colgando o disimulado (¿dormido?) junto a esa hoja o bajo aquel fragmento de rama, con sus barbas ostentosas como gorgueras, en ese único segundo en que el tritón está quieto y disponible si lo ves.

miércoles, 29 de julio de 2009

Un insecto de Christopher Middleton


















Chinche de agua
Quienes conocen la verdad lo llaman daimon y saben que está fuera de ellos.

-Plutarco


Admitimos que el chinche barquero
según sube corriente arriba, deja una sombra,

de cinco lunares, en el fondo soleado,
una sombra ribeteada de colores, como desprendida

limpiamente de un prisma. Así labra,
contra corriente, un reguero solitario.

El chinche barquero, de frente, corriente arriba,
en su elemento, ha de ceder, para después correr

el riesgo, y atravesar en un arrebato 
el caudal de la corriente adversa, directo como lluvia.

O corretear por entre el barro. No le
duele haberse visto arrastrado entretanto

ni nota un lugar al que haber de dirigirse:
éxito, placer, el chalé bajo los robles,

bollos de crema cada tarde para el té.
Ni tampoco el barquero se interesa

por la historia como caudal de fusilería; no son pies
como los arrancados por las minas; ni un reguero

de ingenio acompaña a sus empeños, pues
carece de profesión con la que poder engañarse.

Y justo entonces -imaginad esta postal,
y dando la vuelta a la esquina del viejo café

una figura con sombrero de paja: vigorosa se distiende
la figura, hora de comer

que absorbe a Alejandría, y quizá cerca
se arrastre torpe Cavafis bajo el sombrero,

entre océano y desierto, envuelto en sus ropas,
se vadea por entre la temperatura, como la de entonces,

mediodía ácido, estival jornada en Alejandría,
Y así las gotas de sudor le bajan por la espalda.

Y Lehnert, el fotógrafo, viajó también,
de Bohemia a Sfax, y se detuvo en Constantina,

exploró los souks, retrató el norte del Sahara,
capturaba largas sombras de camello sobre la arena,

perfiles guerreros, tatuajes de filigrana
en barbillas y pómulos de las chicas del burdel,

para terminar en Egipto veinte años después,
y no saber nunca quién fue, en realidad, quién,

escogido entre fantasmas griegos y carne
adolescente, el mito que él soñó tocar,

y ahora trotaba, demacrado, desde la sombra,
El Marino, real, siempre vigilante.

De Of The Mortal Fire (2003)


_________________

Water Insect

Those who have the right view call it daimon and know it is outside them.
-Plutarch


Admittedly the water boatman,
On his way upstream, sheds a shadow,

Cinque-spotted, on the sunny bottom,
A shadow fringed with colours, as if spilt

Briskly from a prism. So he ploughs,
Adverse to the stream, a lonely furrow.

The water boatman, head-on, up the stream,
His element, has to concede, then taking

A chance, full stretch he slashes through
The counterpushing surge, right as rain.

He feels no water, does not see his pretty
Stygian shadow figured on the rock or sand.

Or flit across the mud. He does not
Ache to have been so driven back awhile

Or sense a place he should be heading for:
Success, pleasure, the cottage under oaks,

Cream puffs every afternoon for tea.
Nor does a water boatman heed

History in a stream of bullets; no feet
Are torn away by mines; no shredded

Wits result from his pursuit, for he
Has no profession to mistake himself in.

And even then-imagine this picture postcard,
And coming round a corner by the old café

A figure in a straw hat: sinew stretches
The figure out, a lunch hour

Engulfing Alexandria, and there perhaps
Groggily beneath the hat Cavafy strolls,

Between ocean and desert, folded in his clothes,
Wading through the temperature, as then it was,

Acid noon, a summer day in Alexandria,
For beads of sweat roll down his back.

And Lehnert, the photographer, travelled too,
Out of Bohemia to Sfax, delayed in Constantine,

Explored the souks, portrayed the North Sahara,
Snapping long camel shadows on the sand,

Warrior profiles, filigree tattoos
On chins and cheeks of the bordello girls,

To end in Egypt after twenty years,
And never knew just who it was, just who

Selected from Greek ghosts and adolescent
Flesh he dreamed of touching quite a myth

And trotted now, haggard, from the shadow,
The Mariner, actual, ever on the look-out.

From “Of the Mortal Fire”, Collected Poems, Carcanet, pp. 567-569

Raworth, otra vez


Esta mañana ojeando el tomo de los Collected de Raworth (en realidad andaba con un difícil poema de Middleton, su Water Insect, "Insecto o Chinche de Agua" qua ya pondré en cuanto lo resuelva), pues digo que distraídamente topo con este poema de Tom Raworth, del que no doy los datos, pues ya los puse hace un tiempo.




FORMAL 1
(Para Ted y Alice)*

Comuniño
declaro
ningún conocimiento excepto
el popular

aromas e ideas
comunaspascuas
distinguen
la marca del zorro

en blanco y negro
una "rosa" o "satén"
a color
rojo sobre blanco satén

estirándose más
las flores están
en mi imaginación
pero sé sacudir.

quien conoce el poder
puede rechazarlo
y vivir enamorado
y satisfecho

De The Mask(1976)

* El matrimonio de poetas de la escuela de Nueva York Ted Berrigan y Alice Notley.

_______________

Formal 1
(For Ted and Alice)

Communiño
i declare
no knowledge save
the popular

scents and ideas
communrave
noticing
the mark of zorro

in black and white
a 'rose' on 'satin'
in colour
red on white satin

streching again
flowers are in
my imagination
but i know curry

who knows power
can reject it
and live in love
with satisfaction

From "The Mask"(1976) in Collected poems, Carcanet, 2003, pp. 195-196.

domingo, 26 de julio de 2009

Christopher Middleton

Nacido en Truro, Cornwall (Gran Bretaña) en 1926. Estudios (1948-1951) en Merton College (Oxford) tras cuatro años de servicio en la RAF al final de la guerra. Después de dos años en Zürich, es profesor de alemán en el King's College de Londres hasta 1965 y desde 1966 hasta su jubilación en 1998 profesor de lengua y literatura germánicas, y de literatura comparada desde 1986, en la Universidad de Texas (Austin).

Autor de varias colecciones de ensayos: Bolshevism in Art(1978), The Pursuit of the Kingfisher (1983), ha traducido al inglés literatura alemana (Goethe, Hölderlin, Mörike, Christa Wolf, las cartas de Nietzsche, especialista y traductor de la obra de Robert Walser, etc.; una labor que ha merecido varios premios internacionales).

Sus principales libros poéticos son:
-->Torse 3: Poems 1948-1961(1962); Nonsequences (1965); Our Flowers & Nice Bones(1969); The Lonely Suppers of W. V. Balloon(1975); Pataxanadu and other prose (1977); Carminalenia (1980); 111 poems (1983); Serpentine (1985); Two Horse Wagon Going By (1986); The Balcony Tree(1992); Some Dogs (1993); Ballad of the Putrefaction(1993); On a Photograph of Chekhov(1995); Intimate Chronicles (1996); The Swallow Diver (1997); The Redbird Hexagon (1999); Faint Harps and Silver Voices:Selected Translations (2000); Twenty Tropes for Doctor Dark(2000); The Word Pavilion and Selected Poems(2001); Of the Mortal Fire. Poems 1999-2002(2003); The Anti-Basilisk (2005); y los Collected Poems (2008) que reúnen el conjunto de su obra hasta la fecha.

El Mundo Lo Primero

Vacío, el vacío en ti
llénalo, llénalo con, no sé,
algo, no con juguetes, no con

mitologías, llénalo
con algo, no, no puedes, con pueblos
sólidos, o mares, corchos de botella, deseo,

imperceptibles clavos torcidos, casi lo que sea,
furia de enemigos, lo que enganche
llena el vacío por miedo

llénalo para no acabar nunca
llena el vacío o arrancará cabezas,
las cabezas que amas, vigílalas, desagüe abajo

van flotando como tuyas, las cabezas
entre aullidos y tumbos, arrancadas, no hay mucho
no hay mucho a lo que aferrarse

llena el vacío, enfréntalo, pena cruda
ahora y de veras te rodea el rostro,
llénalo con eso, si puedes, el mundo lo primero

y no te instales en él, laborioso, tan sólo
un hueco informe, cógelo, si puedes,
el rumbo disperso, no puedes anularlo

pero ajusta las cuentas, antes que imaginar
otros mundos, que giran con otro sentir, llénalo,
llénalo con ellos, no puedes, sin dejar rastro,

sin mapa, impenetrable, específico, no
puedes, pero hazles bailarlo, diferente,
muscular y exacto, repítelo una y otra vez

tan sólo para ti, si puedes ahora, el vacío,
descúbrelo dentro, siempre ahí,
el gran vacío absorbente que sigues

rellenando con ciudades, los pájaros, un río,
tejados de viejas tejas rojas y húmedas de amanecer,
no puedes, siempre está ahí, control

impermanente en el medido vuelo de palabras
y con tus animales interiores refréscalo,
en la luz primera se encaran uno con otro, libres

no hechizados, no,
por la mirada de algún remoto Sostenedor,
cuando para ellos inventas una profunda y abierta morada

si puedes, y un aire secreto, pues ahí estableces,
bajo los relojes y las bocas, bajo los tambores
no un cimiento impecable, un vacío

no como éste, una inversión, sino un hacerse
sagrado campo de manzanos
si la muerte misma no es más extraña o definitiva.

De Carminalenia (1980)


__________________
The World First

Emptiness, the emptiness in you
Fill it, fill it with, I don't know,
Something, not with toys, not with

Mythologies, fill it
With something, no, you can't, with solid
Villages, or seas, bottle corks, desire,

Inconspicuous bent nails, almost anything,
Fury of enemies, whatever grips
Fill the emptiness for fear

Fill it for never ending
Fill the emptiness or it will tear off heads,
The heads you love, watch them, down the drain

Float like yours, the heads,
Howl and tumble, torn off, not much
Not much to hold on to

Fill the emptiness, facing it, raw grief
Now and really surrounds your face,
Fill it with that, if you can, the world first

And do not dwell on it, laborious, only,
Shapeless hole, seize it, can you,
Scattered curse, you can't blot it out

But clear figures, more than imagine
Other worlds, they spin with other feeling, fill it
Fill it with them, you can't, trackless

No map, impenetrable, specific, you
Can't, but make them dance it out, different,
Muscular and trim, repeat it over and over

Only to yourself, can you now, the emptiness,
Know it inside out, always there,
The great sucking emptiness you keep

Replenishing with towns, the birds, a river,
Roofs of old tiles red and wet with dawn,
You can't, it is always there, control

Impermanent in the timed flight of words
And with your interior animals refresh it,
In first light they do face one another, free

Not spellbound, not,
By the gaze of any remote Upholder,
When for them you invent an open deep indwelling,

Can you, and a secret air, for there you plant
Under the clocks and mouths, under the drums
No foundation without fault, emptiness

Not like this, a turning around, but to be made
Into the holy field of apple trees
If death itself be no more strange or final

From Carminalenia[1980], Collected Poems, Carcanet, 2008, pp. 242-243

viernes, 24 de julio de 2009

Serie inglesa







Un poco para obligarme, y para romper este "impasse" tan soso de los últimos días, anuncio una serie inglesa. ¿Qué quiero decir con eso? Pues que no me refiero a ninguna serie de televisión muy interesante que me apeteciera comentar, claro. Digo "claro" para el que ya se haya paseado por aquí y conozca las costumbres: el bloguero tiene una fijación poética norteamericana contemporánea y da cuenta muy de vez en cuando de algunas muestras casuales de retales semejantes por lo que pudieran tener de más extraños al mercado patrio. Y en esa tónica, como es natural, hasta ahora todo lo británico había brillado por su ausencia(1). Miento: apareció, en una ocasión, Tom Raworth; ya, pero lo hizo como caso de proximidad o "filiación" USA de un británico, que los hay e incluso abundan (sin ir más lejos, mi mentor en estas lides, Kevin Power, es uno de tales). Bien, pues, algo de eso habrá en la nueva serie que anuncio: británicos americanizados; pero también(¿por qué no?) de los otros, de los clásicos o británicos sureños de toda la vida y que empezaron a publicar en los 50-60. Habrá algunos escoceses, algún irlandés, etc. Doy los nombres de los poetas cuya lectura me ha ocupado estos días y que participarán, o eso espero, del cóctel: W.S. Graham, Thom Gunn, Gael Turnbull, Roy Fisher, J.H. Prynne, Lee Harwood y esta misma mañana recibo, y en ello ando, los Collected poems de Christopher Middleton. A ver qué pasa.
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(1) Cuestión diferente es la de Ted Hughes. Ahí se trataba de una "defensa", como la de Valente del otro día y por razones similares. Ted Hughes, además, está ya bastante traducido entre nosotros, aunque quizá ponga algo suyo más adelante.

jueves, 9 de julio de 2009

Rumbos


«Como puede conocer a la clara el que discurriere por sus señales». El doctor Andrés Laguna citado por don Pío Font Quer.

Es posible que nos consolemos pensando que al perder el rumbo se abren nuevas sendas, posibilidades imprevistas («no hay mal que por bien no venga») y que, entre otras, puede que también se abra la acreditada (y ¿asimismo venturosa?) senda oculta y para el común ignota; incluso, redondeando la cuenta, buscaremos apoyo en cualquier excusa peregrina: hasta, si se tercia, en la conciencia propia de la ignorancia, de la incertidumbre natural («no vas a saberlo todo: ya habrá otros también que controlen los hilos del tablado», etc.). Contamos, además, con que el Príncipe del Azar, nuestro Ángel de la Guarda, ese que eternamente vela el rastro de nuestras huellas, se adelante precavido a peligros y asechanzas (azar providente), y nos brinde ya dispuesto un acceso especialmente dedicado y personal, por el que guiados alcanzaremos a disfrutar la fortuna merecida:

—«Hala, que se te hace tarde y ya vamos a cerrar y te quedarás en la estacada, como en el cuento famoso...» —dirá una voz misteriosa y perentoria.

Así que, obediente al dedo señalador e imperativo, te meterás por la puerta indicada (que, para evitar confusión irá marcada con una X) y precisamente entonces, cuando más confiado te introduzcas por el pasadizo, será ése el instante en que te deslumbren los fulgores del error: tanta será su evidencia. Habrás caído en la trampa y ya no habrá manera de salir.
«Lo mejor, quizá, hubiera sido no haber movido un dedo», se te ocurrirá pensar por efecto de rebote de uno de esos redundantes reflejos que, si nunca sirven tampoco para mucho, cumplen su habitual papel justificador como un relleno supletorio del apropiado hueco o de otro cualesquiera espacio vacío normativo.
Y otra vez tendrás que volver a empezar la faena interminable: chasquearás los dedos vagamente hacia allí, allí a lo lejos donde tú calculas que preside la autoridad y solicitarás para tu ruta un nuevo rumbo, alguna otra dirección (a ver si es que ahora, a ver si esta vez ya va de veras y éste, por fin, es el verdadero, el auténtico derrotero, ese nuevo rumbo que...), etcétera.
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Puede leerse esta entrada como una variante retórica de esta otra anterior.

miércoles, 24 de junio de 2009

Caras


A veces, por la mañana (porque esto sólo pasa por la mañana), cuando acudes con el carrito al súper dispuesto a cumplir la faena cotidiana, te fijas en la gente. No pasa siempre: lo habitual es que adoptes el mecanismo automático: no te fijas en nadie o la gente pasa por delante o al lado de tu carrito sin más; es gente homogeneizada, son todos iguales, o es una misma persona repetida múltiples veces (la señora con la niña subida al carro grande y empeñada en pedir cualquier cosa, caprichosa, llorona; la anciana que duda entre dos yogures idénticos, etc.) a los que les convierte en sujeto único un fantasma intercambiable que se ha posesionado de cada uno de los clientes y son todos entonces ya el mismo cliente desparramado en una multiplicidad de cuerpos o una colección de caras idénticas con leves diferencias de maquillaje.
Pero hay ocasiones en las que pasa algo muy distinto. Cada persona tiene una cara única e irrepetible y esa cara es una cara simpática. No, la palabra no es "simpática"; la simpatía no es la cualidad dominante; te parece simpática porque la cara en realidad es...necesaria. Sí, es una cara perfectamente adecuada a su propósito, y es de suponer que lo sea también la persona que está detrás de la cara y de la que la cara es su manifestación. La cara entonces ajusta, es suavemente la que corresponde; se amolda a lo que debe ser. Nada desentona. Hay una especie de secreta armonía. Quiero decir que no se trata de que esa mañana uno se encuentre dominado por algún sentido estético respecto a las caras con las que se cruza en el súper especialmente comprensivo y aceptador de todo cuanto se le ofrece (algún estado alfa en el que todo es maravilloso: no creo que sea eso, no; de manera que si me cruzase -pongamos por caso- con el hombre-elefante, ¿me parecería encantadora la proporcionalidad de sus rasgos y el carácter griego de sus medidas? No creo. Hay alguna otra cosa, aunque también habría que ver lo que pasa con ese hipotético encuentro con el hombre-elefante que hasta ahora ha tenido la prudencia de no dejarse ver para no poner a prueba lo que trato de contar).
Lo que pasa es que por un momento (ya digo que no pasa siempre, y más bien lo cuento precisamente porque pasa muy pocas veces) todas las caras que se me cruzan en el súper son caras inesperadamente encantadoras y todas resuenan (sí, casi es un sonido, una melodía) perfectas, ajustadas, dominadas por o dominando algún oculto sentido de la elegancia, una necesidad que no se sabe nunca bien de dónde viene. Todos sus movimientos, el compás de los gestos, las relaciones entre los rasgos faciales de unas personas con los de las otras...; todo casa; bailan, se amoldan y complementan y te sorprendes pensando que, si son feas, lo feo no predomina y en cambio el brillo de los ojos, sus colores, el movimiento de la boca, el del cabello, fluyen deliciosos, imaginativos inventores de formas nuevas siempre en su sitio; nada molesta su baile ni desagrada. La gracia se adueña y todos los rostros cumplen su papel, obedientes y delicados.

domingo, 14 de junio de 2009

"Toda ciencia trascendiendo". José Ángel Valente


Leo en el blog de Jonathan Mayhew sobre el poeta José Angel Valente lo que traduzco a continuación:


Valente está muy, muy intensamente identificado con el estudio de la mística española, en especial con Miguel de Molinos y San Juan de la Cruz. Una vez sabido lo cual, he esperado a que todas sus implicaciones se hicieran evidentes. La obra crítica de Valente tiende a reflejar sus propias posiciones, así pues estamos ante un problema o una serie de problemas que no han sido resueltos del todo en ese aspecto. ¿Qué significa para un intelectual básicamente laico hallarse hasta tal punto imbuido de la mística? Dicho de otro modo, no hay en la escritura de Valente nada que una persona más o menos secular deba rechazar: todo está conformado ad hoc. Quien lea ni siquiera percibirá el estatus confesional del autor. Desde luego, nos pondremos del lado del místico, de Molinos, frente a la Inquisición que lo sentenció y condenó a prisión, del lado de la heterodoxia ante la ortodoxia, pero probablemente el lector haría lo mismo tanto si él o ella es agnóstico o católico creyente -o creyente en otro credo cualquiera, es lo mismo. Así que Valente juega en los dos bandos. Aparece como intelectual secularizado moderno y como el campeón del misticismo.


Pues ¡qué habilidad la de Valente para darnos el timo! «Vamos a ver cómo les engaño yo a estos pardillos -se diría- y me hago pasar, me disfrazo de "moderno" y, de repente, cuando estén más distraídos, saco mi truco, zas, el trampantojo del conejo místico y ahí que se quedan todos con él sin enterarse casi, los pobres de ellos. Impecables y perfectos ateos o agnósticos laicos y, mira tú por dónde, he conseguido que se lo traguen todo entero, "el gazapo" de Molinos, o ya de paso el de San Juan de la Cruz, y éste sin cruel inquisición ni nada en lo que apoyarse». Son las famosas habilidades de saber nadar y guardar la ropa. Pero qué vulgar y bajo has caído, Valente. ¡Qué impresentable tu jugada! Doble juego. Me supongo que un doble juego similar habrán ofrecido todos aquellos poetas o escritores (¿por qué casi siempre será más bien lo primero?) que, sosteniendo en su obra una concepción del mundo, llamémosla, «espiritualista», hayan tenido la osadía, a la vez, de escribir ensayo o cualquier otra forma pareja de escritura teórica para explicar esos u otros asuntos cualesquiera. Todos ellos, y su misma «authorial voice» con ellos, se habrán visto manchados, polucionados, por la enfermedad, por el «contagio». Llámense William Butler Yeats, Ezra Pound, H.D., Robert Duncan, por citar tan solo algunos de los autores «damnati» o condenados y condenables de leso laicismo en el pasado siglo XX, culminación hasta el momento de nuestra intelectualmente salvífica modernidad. Léase, para el caso Pound, por ejemplo, el ilustrativo y «escandalizado» libro de Leon Surette, The Birth of Modernism: Ezra Pound, T.S. Eliot, W.B. Yeats and the occult, McGill-Queens University Press, 1993 o el de Peter O'Leary, Gnostic Contagion. Robert Duncan and the poetry of illness, Wesleyan University Press, 2002, entre muchos otros.

No. No son laicos. Son creyentes en alguna «fe perdida». Y en el caso de Valente, quizá tan solo católico sin fe o deseando recuperarla, como Unamuno, al menos en su poesía. ¿Y eso invalida su discurso, es decir, que si se refiere a Miguel de Molinos porque como poeta le importa mucho aquello que pueda aprender de la experiencia mística molinista, sí, de lo que la Guía Espiritual le pueda decir a él como poeta, en esas condiciones, ya no podría hablar del asunto intelectual «Miguel de Molinos» como hecho histórico o cultural, por ejemplo? ¿No será que por el hecho de ser creyente en alguna fe al tal sujeto lo consideramos ya y por definición incapaz de discurso racional atendible? ¿No puede hablar de nada que no sea de esa su misma fe, quizá limitándose, en todo caso, a pedir perdón por sostenerla? ¿Debe mantener perpetuamente enarbolado un cartel, a manera de cinturón sanitario, que indique su condición, no vaya a ser que el lector (que, por defecto, ha de ser «laico» y «agnóstico», como todo el mundo) se lleve a engaño, se pudiera sentir «timado», respecto al tipo de verdades que se le quieren enseñar, para las que no valen ya los mismos argumentos o razones de que se sirven los demás si tales ideas o argumentos están proferidos por una boca previamente «maculata», digamos, sucia de espíritus y que, por tanto, «recontextualiza» o sencillamente ensucia a su vez dichos argumentos? Sí, porque la boca de Valente quería ensuciarse, y mucho, de espíritu, sin más, o de Espíritu, si se prefiere; como poeta quería eso, porque básicamente sentía que le hacía falta. Y esa fue su opción. Y si algo hizo con esa opción fue manifestarla bastante bien a las claras. O, al menos, a mí me lo ha parecido así siempre. Y, en esas condiciones, ¿resulta que ya no podría, a la vez, y sin tener que hacer una declaración «aduanera» previa, hablar como los demás y de lo mismo que los demás hablan y en los mismos planos que ellos si es que sus capacidades probadas así se lo permiten? ¿O si lo hace, debería ser tachado de impostor también como Molinos?